Una palabra bien elegida puede economizar no sólo cien palabras sino cien pensamientos.
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Un tema muy mencionado por México en estos tiempos, en que recordamos casi 200 años de ser independientes del sometimiento de España que gran relevancia tiene en muchos sentidos, pero en esta ocasión no me interesa hablar de la independencia de México.
Ahora quiero hablar de la independencia personal, de esa que se habla hoy en día con bastante frecuencia, y podemos ver especialmente el concepto de independencia y codependencia sobre todo en cuestiones de pareja…
Esa situación que está muy vinculada con la educación y la reacción de los hombres y las mujeres cuando están en “edad de merecer”, cuando empiezan a entablar estos encuentros furtivos, estas salidas, invitaciones al “antro” o al café, o al cine… y que de una u otra manera todos y todas, que pasamos de los 20 seguro hemos transitado repetidas ocasiones por ahí y muchos que me leen siguen sin cesar año con año, cita tras cita, buscando… buscando… no se qué buscando pero que nos deje ser independientes y libres… pero, ¿qué es eso?
La cosa es cómo vamos preparados/as a este tipo de relaciones, que por informales que estas sean, siempre generan una reacción a la dependencia…
El formato masculino, por lo menos en México (y estoy casi segura que en muchos países de América del Sur también) es a partir de una educación proveedora, ya que a los hijos los enseñamos (unas madres más otras menos, y me refiero a las madres, porque efectivamente las que transmiten la educación esencial somos las madres) para que aprendan a proveer, y que sean hombres de provecho (y en un futuro buenos padres). Y por otro lado, a las mujeres, aún en estos tiempos, que impulsamos educación universitaria y trabajos, y viajes y de más… (cosa que en tiempos de mi madre era definitivamente un sueño guajiro) en el mero fondo las seguimos enseñando a ser unas buenas mujeres, pero ahora preparadas académicamente para estar a la altura de los jóvenes instruidos con los que se relacionan (y puedan conseguir un buen marido).
Sin embargo, a pesar de que hablamos de una educación independiente, no les enseñamos en ningún momento a valerse por sí mismos ni a los hombres ni a las mujeres, es decir, que su formación no sea con el fin de ser proveedor de una familia, o con el fin de ser una buena esposa/madre/hija/profesionista, porque este formato hoy en día está sacando chispas en los “discos duros” de muchos jóvenes o adultos jóvenes, que viven vidas mucho más alejadas al compromiso del matrimonio, pero que en una parte de ellos o ellas no concuerda la información recibida en la educación con lo que están viviendo hoy en día. Pareciera que nos educaron para ser independientes pero no sabemos cómo serlo sin tener en el mero mero fondo el deseo de encontrarse a la media naranja.
Y es que debemos comenzar por el principio: el tener una carrera o tener un trabajo no es precisamente independencia, puede darte algo de independencia económica el tener un trabajo, sí, pero eso no te enseña cómo disfrutar la vida por tu cuenta, sin necesidad de compartirla con alguien más o sin tener que estar soñando con un príncipe azul que al final SÍ quieres que llegue, o en verdad deseas poder rescatar a esa damisela en peligro que te necesite, para que así tenga sentido la vida.
Efectivamente, la independencia que se vive hoy en día en las generaciones actuales de jóvenes, está sustentada en viejos modelos de codependencia y es importante reconocer éste patrón de conducta para poderlo cambiar, porque de otra manera sólo lo estamos repitiendo y tropezándonos con él de diversas maneras.
Ser honesto con uno mismo es el primer paso para saber qué terreno pisamos, reconocer como mujer qué importancia se le da al hombre en tiempo de pensamiento, en orden de prioridades, y en relaciones nos dará una idea qué tanto dependemos de los hombres en nuestra vida (aunque sea en nuestra cabeza).
Para los hombres definir con claridad el tiempo en que piensan en mujeres, en sexo, en conquista, les podrá definir el nivel de codependencia que manejan emocionalmente, porque podríamos decir que hoy en día se ven más alejados los matrimonios a las edades en que se celebraban hace aproximadamente veinte años, ahora están rondando los 30-35, pero eso no quiere decir que no estén pensando en pareja, temporal o informal… como sea, pero tener con quien estar…
La independencia es algo interno, es algo que hoy por hoy se debe conquistar desde el corazón, cuando uno está lista para madurar y hacerse cargo de una misma, cuando uno elije vivir la vida para sí misma y ya habiendo encontrado el placer a estar en compañía de una misma, ya después de eso… entonces podemos hablar de pensar en una compañía que comparta los espacios que se deseen compartir, con respeto, para una misma y para el compañero, y el resto de seres que están alrededor.
La independencia está vinculada a la madurez, a la conciencia de ser uno, y de vivir para uno. Y de esa, incluso en este bello país; a México todavía le falta otra cruzada para conquistarla, una cruzada interna, de individuos que se la jueguen con la responsabilidad de ser, de vivir, de compartir, de dar y de recibir, una cruzada que nos haga sentirnos orgullosos de quienes somos y de cómo nos relacionamos, y cómo nos respetamos a nosotros mismos, y a las personas con las que nos relacionamos, esto es independencia, y de ésta estamos ávidos en cada individuo y en México. La independencia es un grito silencioso en donde nos ponemos de pie por uno mismo y nos enorgullecemos por el respeto y la conciencia que existe en el interior, y luego, recordamos que somos una nación libre y podemos ser responsables para hacerla crecer. Desde la independencia de cada individuo podremos gritar, ¡viva México!