Por: (1)
(1 votes, average: 0.00 out of 1)
495 visitas

El camino

c3 elcamino El caminoSalgo de clase a las ocho y media, me despido de mis amigos agitando mi mano y camino con paso firme y breve hacia la entrada de la universidad. Hay dos taxis, no hay diferencia así que me acerco al más cercano a la salida. Cierro la puerta y le digo al conductor que mi destino es la central de autobuses, sonriendo más de lo normal porque me inunda esa familiar anticipación de saber que me voy de viaje.

Hoy es el día. Hoy se cumplen tres meses y es mi turno. Empaqué mi maleta la noche anterior porque no habría tiempo de hacer una parada en casa si quiero estar en el bus de las nueve. Uso únicamente una maleta mediana y la lleno con los artículos que necesito, ni uno más, ni uno menos. Me siento confiada y relajada, pese a la emoción que mi viaje implica.

Llego a la central y le pago al taxista con el cambio exacto que separé previamente. Recibo electrónico en mano camino a registrarme con la línea de autobuses para que me entreguen mi boleto. Tengo alrededor de 3 minutos para llegar a la plataforma de abordaje. Así lo planee; no me gusta esperar si no tengo que hacerlo. El autobús llega en punto y soy la primera en subir dado que puedo llevar mi maleta conmigo, saltándome la fila para equipaje.

Mi asiento es el primero a la izquierda, opuesto a la pantalla de TV. Los asientos en la primera fila siempre son un poco más amplios así que sentarme ahí me da espacio extra para mis pies y maleta. Al estar del otro lado de la pantalla puedo también ver la película que el conductor ponga sin causarme dolor de cabeza por la cercanía a la pantalla. No siempre veo las películas que muestran en el bus. La primera media hora la uso para comer la botana que me preparé en casa, algo nutritivo y fácil de transportar, algo a lo que esté acostumbrada. Aprecio que la línea de autobuses me da un mini lunch gratis, pero esos productos siempre terminan molestando a mi estómago después de horas de viaje. Si la película me interesa, la veo el resto del camino. Si no, me duermo para recuperar el par de horas que perdí anoche por no poder dormir de la emoción.

Despierto cuando vamos llegando al aeropuerto. Me estiro en el espacio extra de mi asiento y recolecto mis cosas; la bolsita con la basura de mi almuerzo y mi maleta en una mano, mi bolsa en el hombro opuesto. El autobús se estaciona y le agradezco al conductor mientras sonrío ampliamente. Hoy todo es perfecto, y me entretiene compartir mi buen humor con las personas. Por eso, también le sonrío al señor del equipaje que está a punto de atender al resto de los pasajeros. No a mí, no es necesario.

Habiendo dormido un rato, camino renovada hacia el mostrador de la aerolínea. Me registro, me dan mi boleto. La señorita me pregunta si quiero registrar alguna maleta, le agradezco y digo que no es necesario. Le deseo un excelente día y me dirijo al chequeo de seguridad.

Tomo dos bandejas y pongo mi maleta en una. Estoy usando broqueles de perla, flats abiertos y no tengo monedas en las bolsas de mis jeans. Tampoco llevo cinturón, así que en la segunda bandeja solamente van mi bolsa, mis zapatos y mi suéter de casimir. Pasar por seguridad me toma menos de 5 minutos con todo y la platiquita que hago con el guardia. Me despido sonriendo y sigo mi camino.

Tengo hora y media de espera antes de abordar, así que me dirijo al baño.  Me lavo la cara, me maquillo, me arreglo el cabello en una cola. Me lavo los dientes con el mini kit de viaje que compré en los scouts. Lleno mi botella de agua en un bebedero y voy a mi sala de espera. Estoy equipada con un buen libro y una revistilla de sudoku. A los pocos minutos aborda el avión anterior al mío y se desocupan los asientos más cercanos a la puerta de abordaje para que yo ocupe uno.

Cuando se van llenando los asientos alrededor mío, observo vagamente a los otros pasajeros. La mayoría de la gente que viaja en martes es gente de negocios. Seguramente van a alguna junta o una visita rutinaria. Mi destino en cambio es mucho más excitante. A diferencia de un viaje laboral, mi destino es cálido, noble y apela al lado más juvenil del ser humano. Me gusta que soy diferente. Envío un mensaje a su celular.

Faltando media hora cambio mi libro por el sudoku y acomodo mi boleto en la página con foto del pasaporte. El abordaje empieza. Terminan con primera clase y siguen con turista. Soy la primera turista en abordar. Paso por primera clase sin la pesadez que parece enmudecer a varios pasajeros que no dejan de checar sus agendas, celulares, portafolios. Pobres. Claro que si yo fuera camino a una presentación o a una junta de resultados, quizás estaría igual. Es mi motivo el que me eleva ligera por encima por todos ellos.

Ubico mi asiento. El avión se llena rápidamente porque no mucha gente viaja entre semana. Me pongo de pie para permitir que alguien tome su asiento en la ventana. Sonrío para mí misma, pensando que probablemente esta persona no conoce los beneficios del asiento de pasillo. Levantarse es más fácil y rápido, y no hay esa incómoda necesidad de abrirse paso por encima de los otros dos asientos. En el pasillo estoy más cerca de la azafata así que puedo escucharla bien y comunicarle cualquier necesidad sin tener que gritar. Además, el pasillo sirve de espacio extra para las piernas, aunque haya que usarlo responsablemente. Parece que ya no hay más gente abordando, así que me levanto y reviso las otras filas. Como esperaba, hay una fila vacía. Recojo mis cosas, me disculpo con el pasajero de la ventana, y me muevo de lugar. Me pongo mi suéter previendo el exceso de aire acondicionado y le envío un mensaje más antes de apagar mi teléfono.

Con tres asientos para mí, mi maleta y bolsa pueden estar a mi lado y puedo moderar la cantidad de luz que entra por la ventana. La película que van a presentar se ve bien, así que acepto los audífonos que me ofrece la azafata. Horas después trae la comida. Como en orden, ensalada primero, carne y postre. Me aseguro de usar todo lo que hay en la bandeja: la mantequilla, la pimienta, el aderezo balsámico. La basura la voy doblando en tiras delgadas, y al final la doblo toda de manera que cabe en el tazón donde sirvieron la pasta. También pongo ahí lo que no me gustó. Me gusta ver que mi bandeja se mantiene perfectamente ordenada mientras como. En ningún momento hay objetos que se puedan caer, o que me puedan embarrar las manos accidentalmente. En la fila al lado de la mía hay dos personas, y sus bandejas son un desastre. Uno de ellos se manchó la manga de la camisa. Yo en cambio sigo limpia.

Cuando anuncian que van a repartir las formas migratorias saco de mi bolsa mi pasaporte y pluma. Lleno mis formas y le presto mi pluma a los dos de la fila de al lado. Se disculpan por la molestia y me explican que olvidaron cargar una pluma consigo. Me río amigablemente y les explico que no me molesta en absoluto, que me agrada poder ayudar. Como no tengo nada en los compartimentos superiores, desabordo rápidamente. Recibo un mensaje. Camino con paso firme y ansioso hacia la aduana. Me llama uno de los oficiales de inmigración, revisa mis papeles, los sella y pregunta el motivo de mi viaje mientras doy mis huellas digitales. “Leisure sir, I’m on vacation”, y sonrío más que nunca. Me regresa mis papeles y me desea una buena tarde.

Vengo de vacaciones, sí, y mi principal destino son los brazos de mi novio. Hace tres meses que no nos vemos, desde que él fue a visitarme en México. Hace dos años que empezamos este ir y venir de un aeropuerto a otro, de un autobús a otro, de un país a otro. Y hoy aún siento mariposas en el estómago mientras camino hacia la puerta, dejando atrás a todos los que registraron su equipaje y aguardan impacientes que aparezca. Me quedé dormida un rato en el avión y mi cabello está desarreglado. Además se arrugó mi blusa. Pero detrás de esa puerta está él esperándome, con sus ojos azules y su sonrisa, podré respirar su loción y acariciar su cabello. Detrás de esa puerta están sus labios, y toda una semana de pura felicidad.

Articulos Similares:

Guardado en: Pareja, Sexualidad y Pareja Tags: , ,

2 han comentado

  • Lata dice que:

    ¡Me gustan las historias de amor reales!!

  • Eugenics dice que:

    Que bello, estaba a punto de no creer en las relaciones a larga distancia, hasta que leí la última frase, después del punto y seguido. Soy creyente :)

Responder