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El sexo en el confesionario

Conocer nuestro cuerpo, sentir placer, masturbarse, tener relaciones sexuales, para muchos es parte de la vida diaria y para otros, es parte de un conjunto de tabúes relacionados con la educación religiosa y occidental que recibimos, sobre las restricciones que la sexualidad debe tener para no cometer pecado.

sexo confesionario El sexo en el confesionarioSi durante años se educa a los hijos con la idea sobre la castidad y virginidad de la mujer previo al matrimonio, entonces el solo pensar en el placer nos obliga a llevar el sexo al confesionario. Sin duda, la educación sexual en occidente, mejor dicho en México dentro de las familias católicas, ha tenido un doble discurso.

Por un lado, se promueve que los hombres conozcan y sean expertos en el sexo mediante prácticas o ritos de iniciación; mientras que a las mujeres se nos enseña la importancia de ser vírgenes y llegar de blanco al altar. Sin embargo, la publicidad, el día a día, y desde luego los sentimientos hacen que en la práctica, y lamentablemente en muchas ocasiones con poca o nula información, los adolescentes prueben el placer que una caricia, un beso, un abrazo, una relación sexual y desde luego la masturbación, provocan en cada poro de la piel.

Pero, ¿después del placer qué sigue? Sin duda, los momentos de éxtasis son tan fuertes como la culpa que se siente cuando nuestra conciencia retumba diciendo “¡eso no se hace!, ¡esas cosas las señoritas decentes ni siquiera las piensan!, ¡qué pensaría de ti la sociedad!, ¡con ese comportamiento piensas llegar al altar!, ¡confiésate!”

Después de 30 largos y maravillosos años de vida, acompañados desde luego de la fuerte educación castrarte, hipócrita y culposa, dejé que el sexo y mi sexualidad salieran del confesionario; hice a un lado la educación occidental repleta de culpas y pecados para… iniciar una vida sexual que, si bien no ha sido muy activa y mucho menos agradable en muchas ocasiones, sí es abierta, responsable y placentera.

Aprender a conocer mi cuerpo ha llevado tiempo, mucho tiempo porque cada caricia iba –en un principio- acompañada de temor, culpa y confusiones que hacía que a cada instante me preguntara: ¿por qué si se siente bien es malo?

En un principio mi primer novio (durante un lapso de 5 años) compartía los “principios” que en mi casa me habían enseñado y respetó mi decisión de sólo “unos besos, unas caricias y uno que otro faje”. Al paso del tiempo, una de las decisiones más fuertes de mi vida, me llevó a estar con un hombre que parecía confirmar que mis padres tenían razón…¡era una pecadora, el sexo debía quedarse en el confesionario y por eso seguramente no había sido ni placentero y mucho menos digno de recuerdo!

Al paso del tiempo, comprendí que el sexo no sólo se puede tener en el confesionario ni mucho menos es un pecado. Lo cierto es que cada persona somos dueños de nuestros actos, debemos conocer nuestro cuerpo y cualquier cosa que queramos hacer con él debe acompañarse de conciencia plena, un profundo amor hacia nosotros y para con la pareja y… dejar que el placer sea nuestra compañía eterna.

Imagen: CC 2.0 por Catedrales e Iglesias

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