El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho.
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Ella, mujer afable, bondadosa siempre al pendiente de los demás, educada a la antigua; lista para satisfacer hasta el más mínimo capricho de su familia constituida por un esposo, dos hijas y dos hijos.
Él, un hombre recio, duro en su trato; pero sensible en el fondo, cariñoso a su manera y sumamente exigente con su mujer y sus cuatro hijos.
Ella, de pequeña, vivió en provincia, porque “allá se crece mejor y es menos cara la vida”, según decía su papá… Él, sin embargo a pesar de crecer en un rancho, siempre añoró la vida de la ciudad, con su escándalo y toda su “urbanidad”.
A pesar de que los dos fueron en la misma escuela pues, sin saberlo, vivieron muy cerca el uno del otro, no se conocieron entonces, la vida les deparaba una cita más adelante.
Pasaron los años y la niñez quedó atrás, en provincia, y ya los dos se habían trasladado a la ciudad de México, ella, porque el trabajo de su papá, un político renombrado, así lo había requerido y él porque por fin había tenido el dinero suficiente para estudiar una carrera en la capital y mantenerse solo.
Ella estudió lo que toda señorita debía estudiar, la renombrada carrera de “comercio”, Él, era todo un ingeniero en ciernes. Ambos trabajaron duro en sus carreras para llegar a sobresalir pronto, el ansiado premio no tardó en llegar, ambos consiguieron trabajo en una constructora, Él, de Supervisor y Ella de secretaria del Contador General. Durante los primeros meses de trabajo se llegaron a cruzar varias veces y una mirada furtiva era todo lo que les unía, el recuerdo de haberlo visto en otro lado y el aroma a perfume de violetas.
No fue sino hasta la fiesta de fin de año de la Compañía en donde tuvieron oportunidad de charlar y en su plática, descubrieron lo cerca que habían estado el uno del otro, pues de pequeños habían vivido, Ella en Lerma y Él, curiosamente, enfrente en Amomolulco, habían estudiado en la misma escuela, claro él unos años adelante y casualmente su salón quedaba enfrente del de ella, hasta la oficina de los supervisores quedaba enfrente de la de Contabilidad.
Con el transcurrir del tiempo se casaron, y finalmente regresaron a provincia, Ella convertida en la flamante esposa de un Ingeniero de PEMEX, Él como el Ingeniero en jefe de la sección de Supervisores de obra.
Nacieron los hijos y entre niños, fiestas, trabajo y vueltas a la ciudad de México, a visitar a sus familias, se les fue la vida.
Ella, enfermó gravemente, Él, también, cáncer fue el resultado de los análisis, cáncer en el páncreas, de uno tan dañino que no permitió ni siquiera asimilar la noticia cuando ya todos los hijos se encontraban en el hospital esperando a que por fin descansaran.
Él estaba en el Hospital, en la habitación 617, Ella, enfrente, en la 618, ambos murieron a la misma hora, el mismo día.
A Él lo velaron en Gayosso, a Ella, también, en la sala de enfrente e inesperadamente, a la hora de depositar sus cenizas, quedaron uno enfrente del otro…
Nunca más volvieron a hablar ni a encontrarse después de esa comida de año Nuevo, cada uno se casó y tuvo cuatro hijos, dos mujeres y dos hombres, y curiosamente enviudaron, jamás se volvieron a encontrar de frente, aunque los dos vivieron en Veracruz y sus hijos fueron a la misma escuela.
La vida les tenía deparada una cita un poco más allá, nadie se imaginaba qué sería en la muerte, aquí sólo estuvieron siempre uno enfrente del otro, sin verse.
A veces suelen suceder así las situaciones. Cuando más cerca se tienen las personas, en ocasiones, pasan desapercibidas. Considero que nada es casual ni accidental, por alguna razón suceden.
Sigue compartiendo con nosotros tus aportaciones.
Abrazos.
Irma
El mundo es tan pequeño, compartimos espacios con la misma gente, pero somos tan poco observadores….
Soy un seguidor de los relatos de Adriana… como siempre, nuevamente me sorprende con paradojas melancólicas y llenas de emoción.
Adrianita:
Gracias nuevamente por tu articulo, como bien dicen la ley de las coincidencias se cumple y este relato así lo confirma, soy lector de todos tus articulos continua con esta maravillosa forma de comunicación, felicidades.
Sergio,
me gusta mucho saber que en la vida hay cincidencias, tan bellas, tan importantes
aunque pasen sin ser vistas.
gracias por tan bellos momentos de lectura.
Wau que historia de la vida tan curiosa, algo para reflexionar