No sigas por el camino ya marcado, avanza más bien por donde no hay sendero y deja una huella.
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Y ahí estábamos los 3 sentados alrededor de la mesa del centro de la moderna cocina de mi madre. Yo pongo platos, Germán vasos y servilletas y cada quien se prepara sus tacos…
Germán: A ver Carlota, me dijo MaFer que tienes algo que contarme.
Mi madre se hace la interesante.
Carlota: Nada hijo, nada, que ayer nos encontramos a Diego.
Dice mordiendo el taco.
Diego pone su mejor cara de sorpresa. ¿Y…?, ¿En dónde? ¿A qué hora? ¿Qué dijo?…
Mi madre le empieza a narrar, todo muy cercano a la realidad. Mientras ella cuenta nos reímos mucho.
Germán se dirige a mí: ¿Tienes algo que agregar?
Me estaban dando ganas de golpearlo cuando al parecer entiende que podía estarme confundiendo pero al volver a abrir la boca lo hace sólo para empeorarlo:
G: ¿Qué sentiste cuando lo viste?
Retomo mis ganas de pegarle, así que omito cualquier expresión en mi rostro, no es la primera vez que Germán me pone en este predicamento.
Yo con cara de asombro y casi en un grito le contesto: Pero si lo hemos visto un par de minutos y además ya escuchaste que ella lo acaparó…
G: Bueno pero, ¿te dio gusto, miedo, nervios? ¿Se veía bien, está más feo, gordo, flaco, canoso, pelón…?
Mi madre: Pues lo que haya sentido lo disimuló muy bien, aunque mírale la cara a la nena, tiene ese brillito en los ojos que había perdido. Él se veía muy bien, no ha cambiado casi nada y se le caía la baba al verla.
G: Por eso me encantas Carlota, porque no se te va una, mira que confesarlo y contarle todo lo necesario en unos minutos, cuando yo sea grande quiero ser como tú…
Mi madre: Pero si pareces más hijo mío que “ésta”, ahora te toca a ti que nos proporciones la información faltante. MaFer tráeme mi bolsa para darle a Germán la tarjetita que me dio Diego y pueda averiguar más.
No hay risas, mi madre habla en serio. Tal como terminaron las cosas, era más fácil que Germán averigüe qué piensa su familia, entre otras cosas.
¿Postre?
Pregunta mamá.
Claro, contestamos al mismo tiempo. Nos quedamos mudos y es mejor mantener la boca ocupada en lugar de seguir con el tema. Sacamos del refri lo que a cada uno más le apetece. Terminamos de cenar hablando de pavadas, entre risas.
C: Tengo un libro a medias, gracias por no dejarme cenar sola y hacerme la velada agradable. ¿Se quedan a dormir aquí? Ya sé que tienen mucho qué platicar.
MF: Ma, yo me voy, por fin llegó mi computadora y muero de ganas de estrenarla.
G: Yo voy a llevarla, si no necesitas compañía hasta que Daniel vuelva, no regreso, quizá MaFer necesite ayuda con la instalación de sus compras.
C: Gracias no, vayan a instalar esa computadora.
Nos despedimos.
… continuará.