Los niños pueden siempre enseñar 3 cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que se desea.
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Diego y Mauricio están en el ascensor del estacionamiento del “cafecito”…
M: Me dijo Don Pedro que ayer estuviste aquí con una chica.
D: Sí.
M: Pues te ha de gustar mucho porque tienes una cara de felicidad que no puedes disimular y Don Pedro dijo que te vio más contento que nunca.
D: No me gusta, me encanta.
M: ¿Dónde la conociste?
D: En la universidad, la llevaré a la inauguración, ya la verás.
M: Parece que ese reencuentro con tus antiguos compañeros de la carrera te ha dejado más que una buena tarde bohemia. Entonces, ¿necesitarás una invitación?
D: Sí, ya hablé con Larissa, dijo que me la entrega la siguiente semana.
M: Y hablando de chicas y de reencuentros, ¿Ya te consiguieron el teléfono de MaFer?
En eso suena un celular y el elevador se abre…
… continuará.