Por: (10)
(1 votes, average: 0.00 out of 1)
58 visitas

Sobre matrimonios infernales

Si tal es la condición del hombre con la mujer, no conviene casarse,

pero él les dijo: No todos son capaces de eso…

Mateo, XIX, 10

Se puede creer que uno no desea la desdicha, que ésta es inevitable y que en la vida nos suceden desdichas sin que sea nuestra plena responsabilidad padecerlas.

Uno puede contraer matrimonio, o algún otro compromiso de pareja, y notar que una buena relación se transforma en un infierno de modo inexplicable. Se puede y se suele, entonces, buscar consejos para que tal cosa no se repita. Pero quizá uno no se da cuenta de que vale la pena preguntarse por las escondidas rutas de nuestro inconsciente que nos llevaron a tal relación infernal.

Nuestras conductas siempre comunican algo, aún a solas y en esa comunicación hay un lenguaje, que filtra la realidad, y si ese lenguaje se vuelve confuso, enfermo, nos trae una realidad desdichada.

Estos temas que, parece, debieran plantearse con mucha seriedad, tienen un lado absurdo. Desde fuera puede notarse que ciertas parejas que se unen no van a vivir felices, que ambos miembros desean modificar al otro o que sus motivaciones para estar juntos no garantizan que puedan construir un buen matrimonio. Sin embargo, desde dentro, la perspectiva quizá esté muy limitada, acaso, como se suele decir, “el amor es ciego” o la pasión que hace codependientes a los enamorados, limita su capacidad de análisis.

Jay Haley en su ensayo: “Cómo contraer un matrimonio infernal”, utiliza la ironía para mostrar esa serie de errores cometidos por los matrimonios fracasados, que deberían ser evidentes, no sólo para un observador externo, sino para los participantes mismos. Lo cual no sucede en general. ¿Por qué uno no puede ver con claridad el mal camino que está tomando?

“Fundamentalmente –dice Haley–, la elección de una persona con quien casarse debe cumplir dos requisitos: él o ella han de presentar interesantes defectos diferentes a los propios, y además hace falta tener el propósito de reformar a esa persona para librarla de ellos.”

L c3 pareja matrimonio Sobre matrimonios infernalesResulta que las personas con defectos diferentes, como los polos opuestos, se atraen. Quizá por esa idea de que los individuos son medias naranjas y no seres completos. El mito andrógino que nos hace pensar que necesitamos un complemento en nuestra pareja para restaurar una originaria escisión, como si fuéramos más débiles solos que mal acompañados.

¿Pero por qué se atraen? ¿Sólo por una vieja idea platónica? Hay un instinto sexual básico cuyas pulsaciones nos acerca a otras personas, por decirlo de algún modo, pero también hay un instinto de relación social, contrapuesto al sexual, según el psicólogo Alejandro Cuevas1, en el caso de los perros, las hembras distinguen entre un compañero lúdico y uno sexual. Con el segundo prefieren el apareamiento durante su periodo de celo, y cuando se termina ese lapso, vuelven con su compañero de juegos y se portan agresivas con el otro.

Estos instintos no son exclusivos de los canes. Los comparten otros mamíferos, incluidos los seres humanos. Por supuesto, no se excluyen mutuamente ambos instintos, hacia una misma persona se pueden conjuntar. De lo cual, podemos inferir que para un matrimonio no infernal, ambas características deben presentarse, es decir, esa parte un poco violenta del instinto sexual y la delicadeza y la simpatía que se aproximan a la fraternidad.

En La sonata de Kreutzer, novela corta de Tolstoi, se cuenta la historia de un hombre muy celoso que asesinó a su esposa porque estaba seguro de que ella le había sido infiel. Lo interesante es que fue ese mismo hombre quien prácticamente provocó que fuera posible la infidelidad de su cónyuge. Él le pidió que tomara clases de piano con un apuesto profesor, a quien consideraba un don Juan, y decidió irse de viaje para que estuvieran a solas. Aparte de eso, la relación entre ellos era infernal, verdaderamente, a excepción de sus relaciones sexuales, el resto era atormentador para él. Y le preocupaba ver que ella lucía cada vez más hermosa, sin embargo, no podían sostener ni una plática breve siquiera. Eran como dos desconocidos que cohabitaban juntos.

La historia es trágica, en mi opinión, porque muestra que un hombre inteligente, sensible y respetable es capaz de matar por una pasión enfermiza. Por relacionarse íntimamente con quien no debería relacionarse.

Si el hombre es potencia y es interdependiente, sin duda es muy cierta la sentencia popular: “dime con quién andas y te diré quién eres”. No reaccionamos del mismo modo, con personas diferentes. Nuestros problemas psicológicos no están aislados del medio social en el que nos desenvolvemos.

Ese personaje de Tolstoi en la cárcel tuvo un comportamiento ejemplar y viviendo solitariamente, si no fue feliz, al menos, no dañó gravemente a nadie.

Pero nuestra sociedad parece querer convencernos de que la vida se debe vivir en pareja. ¿Todas las personas serán aptas para ello? Tal vez se podría pensar que artistas con temperamentos explosivos o sumamente inestables serían incapaces de una buena relación matrimonial. Yo no estoy seguro de ello, lo que creo es que su condición de artista ocurre a pesar de sus inestabilidades emocionales y no gracias a ellas. En ese sentido, la gente que tiene severos problemas psicológicos, aun cuando su temperamento no sea nada artístico, difícilmente logrará un buen matrimonio, e incluso, tal vez una persona estable en la soltería, bajo “el yugo matrimonial” sea capaz de enloquecer, como el caso de Posdnicheff, el de Tolstoi.

En la literatura hay gran cantidad de ejemplos de relaciones fracasadas. En El túnel de Ernesto Sábato, por ejemplo, un hombre que se enamora porque supone que ha conocido a la mujer que por fin ha comprendido su obra y que, por tanto, es capaz de entenderlo, aunque él no se manifieste interesado en escucharla a ella. Vive solamente en sus proyecciones, atrapado por éstas de alguna manera. Lo cual también lo conduce a la agresividad, a la violencia, al crimen.

Ya que sabemos que esta clase de relaciones son muy peligrosas, que para llevarlas a cabo debemos estar un tanto ciegos o casi autoengañándonos. Me surge una pregunta inquietante: ¿cómo librarse de caer en una relación así? Se puede creer que es mediante la conciencia de que nuestras conductas significan algo y algo dicen sobre cómo funcionamos en nuestro interior y en nuestras profundidades. Es decir, aprovechando el imperativo clásico: conócete a ti mismo. ¿Mas será posible que alguien no piense “a mí no me va a pasar”? ¿Será posible, sin experimentar una relación tormentosa, darnos cuenta de que no debemos cometer esos errores?

Quisiera responder afirmativamente. Quisiera decir que los consejos oportunos ayudan a los que no han experimentado por sí mismos ciertas malas situaciones para evitarlas. Pero no creo que baste. Se pueden leer novelas que hablen de matrimonios desgraciados, ensayos sobre la pertinencia de la soltería para algunas personas, libros de antropología, sociología o psicoanálisis y, aún así, uno puede decirse a sí mismo: “a mí no me va a pasar”. Y pasa.

Hace cuatro años cuando leí por primera vez: “Cómo contraer un matrimonio infernal”. Me pareció un texto muy divertido, muy bien escrito. Haley ponía de cabeza las a veces insustanciales obras de superación personal y, agudamente, parecía mostrar unas absurdas y paradójicas maneras de granjearse la infelicidad.

Quedaba clara la conducta autodestructiva, la confusa comunicación que se entablaba entre dos seres para volverse mutuamente desdichados. Quedaba claro el lenguaje enfermizo que estaba detrás de tales conductas.

Pensé que lo había entendido muy bien en aquel tiempo. Lo que me lleva a preguntar, entonces, ¿por qué me pasó a mí también? ¿Debo desconfiar de mi capacidad de entendimiento? ¿O qué tanto interviene o deja de intervenir la capacidad intelectual en las equivocaciones emotivas? No sé. Pero siento que ahora sí entiendo que la racionalidad contemporánea esté en crisis. “Quienes piensan que la educación puede mitigar la violencia de la gente, sepan que no hay tal cosa y que, en realidad, un mayor nivel cultural puede ofrecer técnicas que no están al alcance del proletariado.” Dice Haley. Y me pregunto si esos hombres del siglo de las luces, que parecían tan inteligentes, pecaron de ingenuidad al esperanzarse en la cultura como reformadora del ser humano.

¿Si la cultura no salva al hombre, qué lo salva?

Tal vez aunque no exista una salvación tajante, sí exista cierta ayuda. Es útil saber que dentro de nosotros reside una potencialidad agresiva, capaz del crimen, así como una potencialidad capaz de acciones nobles y de producir arte.

Tenemos que conocernos sí, y todavía más, comunicarnos con nuestras potencias. No es bueno en lo absoluto ir por la vida como barca sin remos. Si nos resulta sumamente difícil controlar algún rasgo perjudicial de nuestro carácter, habrá que considerar que no es una cuestión exclusiva del carácter, el medio afecta, los lugares y las personas con quienes ese rasgo se manifiesta.

Debemos conocer ese lenguaje interno, lenguaje de inconsciencia, para no confundirnos. Quizá como dice el chiste: el amor eterno dura dos meses.

Al inicio de la novela citada de Tolstoi, Posdnicheff le pide a una mujer que defina el amor. Ella responde que es la preferencia exclusiva de una persona a todas las demás. Pero ya no contesta cuando le vuelve a inquirir: ¿Una preferencia por cuánto tiempo? Es una cuestión importante porque es posible querer a alguien a las diez de la mañana y a las dos de la tarde odiarla.

Por supuesto, como Haley también dice, habrá matrimonios felices. Aunque uno no intente conseguirlos, creo que es bueno suponer que los hay.

1 A. A. Cuevas, Psiconanálisis de la vida cotidiana.

Contacto: raizdealgo@hotmail.com

Articulos Similares:

Guardado en: Destacados, Pareja, Sexualidad y Pareja Tags: , , , , ,

Nadie ha comentado, anímate

Responder