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The next day

c3 nextday The next dayMientras espero que cierre la puerta eléctrica de la cochera, mi cel recibe un mensaje: ¿vamos a correr?, contesto: tal vez otro día, voy de salida al centro comercial.

Necesitaba apurarme porque los repartidores de la “tiendota cosas de oficina” habían quedado de entregarme unas compras en el “transcurso de la mañana” y no vaya a ser que sea la primera en la lista.

Una hora más tarde estoy de vuelta en casa haciendo espacio en el estudio para mis nuevas adquisiciones.

Como a la una y media suena el timbre, por finnn llegaron, se acabó la espera. Abro la puerta y es un repartidor de comida japonesa, iba a empezar a explicarle que ha habido un error cuando aparece Diego de no sé dónde; recibe la comida, le da las gracias al joven y le paga.

Así que se ha invitado a comer y de golpe recuerdo que aunque me bañé muy temprano, ando en mis peores trapos por aquello de que desempolvo, selecciono, limpio, reparo y acomodo cosas por toda la casa, Diego se da cuenta de mi pena y dice: ni empieces que te conozco en todas tus facetas y a mí me gustas de cualquier manera. Yo ya no podía hacer nada.

Aún en la puerta dice Diego: casualmente andaba por el rumbo y me acordé que aquí vive mi abuelita e hice un alto para saludarla, ¿está ella?

Yo: No, no está decidió cuidarme desde el cielo, pero si pones atención por las noches cuando mires al infinito es la primera estrella a la derecha, una muy parpadeante, no tendrás problema para identificarla, ¿quieres esperarla o le dejas algún mensaje?

D: la espero, hay algo que debe saber.

S: Entonces pásate.

Entra y mientras cierro la puerta él observa el lugar como tratando de recordar y encontrar diferencias. Le digo que hacia la izquierda y se pone a fisgonear por las ventanas.

D: ¿Y dices que ya vives aquí? No inventes, todavía te falta un montón.

S. Espera, espera. Ándate hasta la cocina, vamos por lo necesario para que no se enfríe lo que preparaste de comer. Vamos a la cabaña del segundo patio y verás las cosas de otro modo.

D: Lo había olvidado hay una cabaña en el segundo patio del que siempre escuché hablar pero que nunca visité, -puso cara de niño curioso- mejor te sigo.

La casa que tiene ya sus buenos años, es cuadrada, originalmente de un piso, con un gran patio central con una fuente justo en medio, lleno de macetones y las habitaciones situadas alrededor, los cuartos estaban todos comunicados por dentro con puertas pequeñas de madera y todas tenían salida al patio a través  de portones de gruesa madera y uno extra de cristal para dejar pasar la luz durante el día, con muchos muros de cantera, techos elevados con maderos paralelos adornándolos, las paredes que no eran de piedra estaban decorados con tapiz pintado.

Ellos antes de mudarse le hicieron algunas modificaciones, los cuartos de la izquierda se reservaron para habitaciones y se construyó un segundo piso para el mismo fin cuyo techo se hizo “inclinado”. Los del lado derecho se volvieron estudio-biblioteca, cuarto de usos múltiples, sala, comedor, el techo lo hicieron a dos aguas para el comedor y la sala. Al fondo, de izquierda a derecha, se ve: bodega, cuarto de herramientas, alacena y cocina. Los muros pintados se volvieron blancos, algunos cuartos se independizaron, otros dejaron de ser dos para volverse uno más grande, se hicieron más baños, los que ya había se modernizaron, al igual que la cocina. El patio se volvió jardín. Las habitaciones del frente se habilitaron  para garage y el que ya estaba, que se encontraba justo en el centro se volvió como una “salita de recepción” justo antes del hermoso portón de herrería.

Hay un pasillo entre la cocina y el cuarto de la alacena con una puerta que se disimula entre el mural de la pared, que lleva a un segundo patio, tal espacio era un terreno bastante grande que había quedado encerrado por las casas construidas alrededor y sin salida a ningún lado, mi abuelo lo descubrió, lo compró y le hizo una entrada pequeña por la casa, al principio fue sólo un huerto y luego construyo una cabañita suiza como para no olvidar la tierra que los vio nacer, dice mi abuela que hasta unas vacas vivieron en ese jardín.

Al caminar le voy narrando: “Mi abuela murió unos tres meses después de que me casé. Pasó un tiempo, leyeron el testamento, hubo papeleo para cambiar de propietario, yo no había decidido qué hacer con la casa y las cosas, luego vino el divorcio, me fui a Europa, regresé a casa de mis padres y fue hasta que definí vivir aquí que me metí en este rollo. Mi abuela conservaba un montón de cosas y agrégale tanto tiempo sin cuidados, la casa estaba toda polvorienta, el pasto crecido, las plantas, algunas muertas, las consentidas de mi abuela parece que ella hubiera venido a cuidarlas porque están en perfecto estado, así que son las que me quedaré.

“Mi mamá, se llevó todo cuanto quiso, luego invitamos a mis tías quienes vinieron por recuerdos, la ropa que no se llevaron la regalamos a un asilo, muchos muebles siguen aquí, hay muchos que me sobran, es una casota para mí sola, llena de recuerdos, pero no puedo quedarme con todo. Mi abuela tenía miles de vajillas, muchas nuevas, vasos, ollas, cubiertos… quizá deba poner un restaurante. Todo lo que ves está en proceso de selección y aunque no lo creas ya empieza a tener orden, sacamos todo lo de los armarios y cajones de cada cuarto, para limpiar primero y luego para decidir qué se queda conmigo y dónde lo acomodo y qué les ofrezco a los demás familiares, algunas cosas son basura, hemos desenterrado recuerdos, cientos de fotos, cartas, documentos… extenuante pero muy divertido, a veces paso de la risa al llanto, del llanto a la melancolía, suspiro, vuelvo a llorar, platico con la abuela y ella como que anda conmigo dándome pistas y pautas.”

Llegamos a la cocina, pero antes le echa un vistazo a la alacena donde se ha quedado como en shock, y dice, “para surtir el “cafecito” hemos visitado tiendas que tienen muchos menos artículos de cocina que tu alacena, lo veo y no lo creo. Cuando ya hayas hecho selección y decidas vender llámale primero a Mauricio, será un buen cliente.”

S: ¿Ya descubriste la puerta?
D: Dame un minuto,- deja las bolsas de la comida en una mesa y  se aleja del muro para observarlo. -¿Sólo debo empujar? Yo digo que sí, toma las bolsas y se acerca para abrir cuando escucha los ladridos de Margot y se frena en seco… ¿muerde tu lindo perrito? Y los dos empezamos a reír.

S: Dame un segundo, -traspaso el muro y le grito- ¡ya puedes entrar!

Con mucha precaución pasa, yo tengo a Margot tomada del collar a unos 5 metros, me ve, voltea al fondo y se va directito a la puerta de la cabaña, quiere bobear pero no puede quitarle la vista de encima a Margot, lo veo entrar, suelto al perro, Margot es mi enorme fila negro que da miedo a la vista, pero en realidad es casi un perrito faldero y ambas nos dirigimos a la cabaña, ella sabe que no debe entrar.

D: bonito tu perrosaurio, jajajaja.

Yo le doy un huesote y lo invito a que se lo dé, con algo de miedo, pero confiando en mí, se acerca a la puerta y se lo lanza al jardín.

La cabaña es de madera, es relativamente pequeña comparada con la casa del primer patio, a la derecha está casi luego luego la cocina, donde él ha dejado la comida, se sienta en una silla de la barra que divide la cocina de la sala-comedor, pregunta por el baño y le señalo la puerta, mientras se lava las manos allá, yo lo hago en el lavadero y saco platos, servilletas…

D: Qué lugar tan increíble, me encantó, cuando me haya hecho amigo de ¿Margot?, te va a costar mucho trabajo sacarme de aquí, es más, voy a llamar para que me traigan mis cosas y nunca irme, ve mi cara de asombro y nos reímos una vez más.

Empieza a sacar la comida y dice: traje lo que pensé que podría gustarte y lo que a mí me encanta, elige tú primero y yo me quedo con lo demás.

Comemos en santa paz y de inmediato se pone a revisar los cuadros, la decoración, todo comenta, me pide permiso para subir y husmear, pienso rápido si no hay algo que me daría pena que viera y como creo que no, accedo, mientras sube las escaleras le pregunto si quiere café, dice sí…

Un ratito después baja con un portarretratos en mano y con cara enojada y una sonrisa a medias dice: esto no puede ser, todavía no somos novios y ya me pones el cuerno tan descaradamente, ¿quién es este hombre?, lo he encontrado ¡¡¡¡en el buró de tu cama!!!!

S: Jajajajajajajaja, es mi abuelo.
D: ¿tu abuelo?
S: Sí, el mismísimo Don…
D: ¿segura, segura?, pero ¿no debería ser una foto toda amarilla, con dobleces y hasta borrosa?
S: En Europa he tomado un curso de edición digital maravilloso, compré un programa muy exclusivo y lo que estás viendo es parte de mi “proyecto final”.
D: Pues sí que es bueno el programita -dice sin dejar de observar la foto.
S: Y lo que están por entregarme hoy es una computadora maravillosa y una impresora sin igual. Y ése cuarto es el de mi abuela, así que si no quieres que te jale las orejas ve y déjalo en su lugar antes de que lo extrañe…

D: ok, voy a seguir curioseando, pero en otro cuarto, dile a mi abuela que me disculpe, que he sido un tonto.

Qué risa, pero ¿sería todo una broma o aprovechó para ver si tenía alguna historia qué contarle de una buena vez?  Mejor llamaré a los “entregadores”.

S: ¿A dos cuadras?, ok, Gracias.

Subo por Diego quien sigue curioseando, le pido que me acompañe por mis compritas.

D: ¡¡¡Qué compu más pequeñita!!!
S Sí, en lo que le doy de comer a Margot, ¿podrías subir las cosas al ático?
D ¿Hay un ático en la cabaña?  No vi por donde entrar, me parece que tu abuela no quiere que me vaya de aquí, cada vez me gusta más el segundo patio.

Llegando le muestro la escalera y sube detrás de mí, de verdad parece niño chiquito en un parque de diversiones.

Suena mi teléfono, es mi madre: ¿Cómo estás?, vente a cenar conmigo, anda -dice ella- que tu padre tiene una cena de señores.

Mientras suena el cel  de Diego y contesta, mi madre jura que el que está ahí es Germán y dice invítalo anda, vengan a cenar conmigo, les hago un chocolatito caliente o vean qué se les antoja y me dicen, le digo que sí. Me dice: ¿Ya le platicaste de Diego?, le respondo que no. -Bueno pues no lo hagas que yo se lo chismearé, jajajaja.

D: Ya escuché que tienes plan, ¿alcanzo a tomarme mi café?

Le cuento que era mi madre y que pensó que era Germám.
D: Todavía siguen siendo tan amigos, qué padre, ¿lo vas a ver también? Justo ayer me lo preguntaba. (Lo caché pensó en mi hasta llegar a
Germán)

Puso cara de ups, creo que no debí decirlo, así que no le di importancia a esas 5 palabras.

Mi madre lo ha invitado a cenar pensando que eras tú, así que tengo que encontrarlo y explicarle todo para que no vaya a meter la pata.

Pone cara de serio, me ve y dice: quisiera que pudieras sentir lo que siento.

¡¡¡ZAZ!!!

D: No sé si pueda explicártelo, no quisiera que lo entendieras de manera distinta a como lo entiendo yo, es más tengo miedo de ponerlo en palabras porque no las encuentro, creo que mejor subiré y hablaré con la abuela para que ella te lo explique… sólo te diré que estoy muy, muy feliz, debo confesarte que estoy también aterrado por lo que me provoca haberte encontrado… Ahora vuelvo.

Y sin más, subió.

Oh, Dios, abuela ayúdame a deshockearme, ¿qué hago ahora?, ¿qué le digo?
Aunque si lo medito un poco, me pasa lo mismo, pero no, no se lo diré, por lo menos no hoy, ni pronto, lo dejaré a él.

Baja me ve, advierto que se le ha escapado una lágrima y dice: Oiga doña ¿y mi café?

Reímos.

Se relajó el ambiente. Hablamos sobre Margot para salir del tema. Dice que se va, el que me habló fue Mauricio que quiere que lo acompañe a ver unos asuntos para lo de la inauguración del “cafecito”.

Serio de nuevo: ha sido un placer, gracias por permitirme entrar a tu espacio sin reservas, confiando en mí, de verdad gracias. ¿Me ayudas con tu mascota? Ah y si necesitas ayuda para cualquier cosa de la casa, pintar, mover muebles, barrer o lo que sea cuenta conmigo, sonrío y digo “Gracias”, No te lo vayas a decir pero también de eso me estuve acordando anoche, creo que fue lo segundo que me dijiste cuando nos conocimos, con la misma sonrisa y el gracias cantadito por una taza que acabó en manos de Germán y me cierra el ojo.

Yo pienso: mugre Germán,¡¡¡¡se lo contó!!!! Mientras sonrío de nervios.
Ni cómo negarlo.

Lo acompaño a la puerta, dice: te llamo mañana, ¿quieres?

Yo le digo que sí.

D: Me saludas a tu mami y a Germán.

Saca las llaves de su auto y me da un beso en la frente.
D: Hasta entonces.

Me cierra el ojo. Y se va.

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