No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos.
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Las características de este síndrome son difíciles de ser detectadas por los padres del niño afectado, pero fáciles de reconocerse en niños ajenos. Imagínense que los colocan con los ojos vendados a pocos centímetros de distancia de una fotografía enorme. Al quitarles la venda y preguntarles sobre su contenido, tendrían que decir que sólo ven puntitos y no reconocen ninguna ...