Cuántas inquietudes desaparecen cuando una decide no ser algo sino ser alguien.
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A pesar de los natalicios, resulta imposible comprender en qué momento uno abandona cierta edad y se instala en otra. Si le preguntamos a alguien en qué día de su vida dejó de ser niño, seguro, no sabrá datarlo con exactitud, aunque podría ofrecer un aproximado. ¿Si nuestras vidas fueran en verdad a repetirse eternamente, como soñó Nietzsche, seríamos capaces ...