Nada como subir al columpio y llegar al cielo.
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El mito entre censuras, interpretaciones y redescubrimientos.
“Hace años, manos enemigas destruyeron nuestra inmortalidad… pero hemos vuelto”. Una frase casi profética del buen Aldo Monti, quien interpreta a Drácula en una de las cintas que se convirtió en una leyenda casi morbosa en la que se conjuntaba al género de luchadores con uno menos sacro: donde los desnudos femeninos tenían acto de presencia.
La historia de El Vampiro y el Sexo, la versión “no apta para el Vaticano” (como diría el mismo Monti) de Santo en El Tesoro de Drácula es más complicada de lo que podría parecer a primera vista. Recuerdo que desde mis años mozos se rumoraba de esas cintas que solo llegaron a exhibirse en Europa en dónde el Enmascarado de Plata se confrontaba con chicas desnudas de colmillos largos. Rumores que no tenían fundamento excepto por unas fotos publicadas hace 25 años en la revista Dicine. Además de dichas fotos había un poster de la película. ¿Evidencia de la existencia de la cinta? Quizás, pero no faltaba quien creyera que era un simple stunt publicitario ya que nadie podía comprobar que la cinta existiera.
Fue gracias a Viviana García Besné, la realizadora detrás de Perdida, que a través de un relato tan íntimo como la revisión de su ascendencia, logra mostrarnos no solo su historia personal sino lo ligada que está con la historia de nuestro cine. A través de su relato es que llegó a encontrar, cual tesoro escondido en ruinas olvidadas, evidencia física e indiscutible que comprobaba la existencia de la cinta perdida. Pero además había otras cuatro películas que fueron realizadas de manera y hasta con títulos similares. Leprosos y sexo (en lugar de Jinetes del Terror), Monstruos y sexo, probablemente hasta la “Momia Azteca y el Robot Humano teniendo sexo”. Una historia cubierta entre misterio se resolvía, pero otra iniciaba.
En el pasado Festival Internacional de Cine de Guadalajara se programó la proyección de El Vampiro y el Sexo, la cual estaba incluida en un programa vampírico seleccionado por Guillermo del Toro. Desafortunadamente, gracias a los malentendidos, rumores y falta de comunicación, dicha proyección tuvo que ser cancelada, obra de los reclamos del heredero de la Máscara de Plata quien basaba su queja en especulaciones o “en lo que entendió del chisme”. Indignado, declaró que su padre jamás habría participado en un filme como el rumorado. Para evitar mayor conflicto, Cinematográfica Calderón, la productora detrás de la cinta, decidió suspender la proyección hasta que se aclarara el asunto. La existencia de la película ya no quedaba en duda, sin embargo la exhibición de la misma era algo para lo que todavía faltaba tiempo. Finalmente se llega a un acuerdo y se puede mostrar, primero en Guadalajara y ahora en el Distrito Federal, la mítica cinta. En el marco de la clausura del Festival de Cine de Horror Macabro es que se logra su exhibición en la Cineteca Nacional. Ahora faltaba ver si la cinta alcanzaba las expectativas generadas por años de rumores.
Mi primera reacción al ver El Vampiro y el Sexo fue de sorpresa. Ya había contemplado algunas de las escenas gracias al documental de Viviana pero quedaba en mi memoria la imagen de la última vez que vi Santo en El Tesoro de Drácula, cortesía de un VHS que me prestó un amigo mío en mi época universitaria. Ya existían los DVDs en esa época, pero el romanticismo de usar la cinta todavía permanecía… eso, y el hecho de que la copia que tenía a la mano estaba en dicho formato. La película era más bien corta y recuerdo que El Santo no aparecía prácticamente en la primera mitad de la obra, la cual estaba en blanco y negro. La película que ahora tenía frente a mis ojos compartía la misma imagen, pero en vivo y resplandeciente color. “¿Será que lo que recuerdo no es lo que era y siempre estuvo a color? ¿O acaso la copia que tuve en su momento era tan pirata que se había deslavado?” A final de cuentas la cinta provenía del sugerente año 1969 y el cine a color ya tenía algo de recorrido, incluso en tierras nacionales. Afortunadamente al buscar información al respecto, me encuentro con que no estaba mal, ya que la versión para todo público fue lanzada en su forma monocromática, mientras que la versión “sofisticada” nos mostraba a un Santo que tenía un par de suéteres idénticos, aunque con la diferencia de que uno tenía tonos azules y el otro, rojos.
El trabajo de restauración de imagen de la cinta fue bastante bueno. ¿La historia? Sigue siendo la misma de El Tesoro de Drácula en la que El Santo, como el gran héroe del renacimiento mexicano que es, no solo se dedica al pancracio o a combatir al crimen, sino que en sus ratos libres logra hacer grandes invenciones como la de una máquina del tiempo. Su gran invento tiene un inconveniente, ya que no puede transportar a cualquier persona al pasado, sino que es requisito que quien se aventure a experimentar el viaje sea mujer, ya que como todos sabemos, ellas tienen mayor resistencia que los hombres a este tipo de experimentos. La máquina transportaría a Luisa (Noelia Noel), hija del Doctor Sepúlveda (Carlos Agostí), físico nuclear y gran amigo del enmascarado, a una de sus vidas anteriores, ubicada en el siglo XIX, en la que ahora es hija del Profesor Soler (Jorge Mondragón), amigo del profesor Van Roth (Fernando Mendoza). Desafortunadamente en esta vida Luisa ha empezado a padecer anemia y muestra un par de orificios extraños en su cuello, cosa desafortunada ya que otras chicas del lugar han tenido padecimientos similares y han fallecido al final. Mientras la historia ubicada en el pasado se desarrolla, Santo, el Doctor Sepúlveda y el Perico (Alberto Rojas, como siempre, brindando el descanso humorístico a la historia) observan a través de un televisor los eventos desarrollados en el pasado. Tras el viaje temporal, empiezan a surgir conflictos ocasionados en la obsesión del Santo en encontrar el tesoro de Drácula, del cual Luisa conoció su ubicación en su vida pasada. Por desgracia, una silueta que merodeaba entre sombras se entera de la existencia del tesoro e iniciará su búsqueda maligna para obtenerlo, y será capaz de hacer hasta lo innombrable para lograr su fin.
Toda historia es producto de su tiempo, así como sus interpretaciones. Actualmente parece haber dos corrientes muy particulares cuando uno habla acerca del cine de luchadores, y especialmente, de las cintas del Santo. Por una parte hay quienes consideran ridículas las historias y los efectos especiales empleados en dichas películas y las ven más que nada como ejemplo de lo kitsch de la época. Por otro lado, hay quienes defienden a capa y espada estas obras, hablando de lo representativas e imaginativas que son y como tales, merecen ser contempladas con enorme respeto, ya que después de todo, hablamos del legado de una de las figuras más importantes del deporte y del espectáculo surgido en México.
Después de la proyección, y leyendo comentarios de algunos amigos y conocidos que tuvieron la buena fortuna de asistir a la función, me encontré con ambos puntos de vista. Hubo quien se quejó amargamente, alegando que el público que se encontraba en la sala era (cito textualmente) “lerdo, supino e ignorante”, gente a la que “no deberían dejarlos entrar a una sala de cine” y que no sabía ni respetar ni entender el contexto en que se hizo la cinta. Me imagino que yo asistí a una sala distinta, ya que en la que me encontraba había gente disfrutando una cinta con elementos inverosímiles y que se emocionaba cuando nuestro enmascarado héroe entraba en acción.
La ciencia ficción y la fantasía son géneros difíciles de ser comprendidos por el adulto mexicano que vive enfrascado en la saturación televisiva en que las novelas, el futbol, los realities y los programas de concurso tienen un lugar preponderante. Fuera del ocasional milagro causado por fuerzas divinas, como nos ha enseñado La Rosa de Guadalupe, no hay lugar para eventos fuera de lo cotidiano. Si un tipo enmascarado aparece y me dice que además es un genio científico, me reiré. Si una chica está enfundada en un traje metálico y decorada con bonito chongo y botas a gogó, me burlaré por su caducado sentido de la moda. No importa que la obra haya sido realizada en un contexto en el que podría competir con cintas como La Amenaza Verde, Por Mis Pistolas o un documental enfocado en el viaje del Apolo X. Mi contexto es el importante y todo lo demás me es irrelevante y les debe ser irrelevante a ustedes, no importa si alguien cree que hay marcianos verdes o la hechicería como arma bélica medieval. Para mí, esos esquemas no funcionan.
Recuerdo haber leído hace poco un artículo de David McRaney enfocado en la Auto Percepción Asimétrica. En pocas palabras habla sobre las diferencia de percepción que podemos tener entre personas y grupos. El ser humano es un ente social y por consiguiente tiende a formar grupos, llegando a frecuentar más a aquellos individuos con los que tiene algo en común. Para bien o para mal esto ayuda a solidificar su enfoque, ya que si uno piensa de cierta manera y quienes están a mi alrededor piensan de forma similar, es más que obvio que estoy en lo correcto, haciendo que quienes se atrevan a presentar una perspectiva distinta, estén equivocados. Si al ver una proyección de una cinta creada en otro entorno me percato de que alguien se ríe con un tono distinto al mío, es obvio que no la comprenden ni entienden el contexto ni el peso que conlleva la obra. Si tan solo todo fuera tan simple como eso…
Puedo contarte una historia de vampiros en la que hay artilugios tecnológicos imposibles. El personaje principal está enfundado en una máscara plateada, su voz no es su voz ya que ha sido doblada por una más varonil y admirable. En el mundo se respira una atmósfera idealista pero consternada ya que mientras que los seres humanos se manifiestan logrando hazañas jamás imaginadas como llegar a la luna, también se tiene el miedo a la bomba atómica, la cual podría llegar en medio de la guerra fría. En México todavía se sienten aires turbios ocasionados por la represión de movimientos como el del 68 y hay quienes todavía recuerdan otro tipo de represiones que desembocaron en una guerra cristera. Las marchas de derechos, los movimientos sociales y la apertura sexual son algo reciente e inevitablemente encontrarán la forma de permear incluso en las historias más inocentes. Como te decía hace momentos, puedo contarte una historia de vampiros con elementos tecnológicos, pero además puedo contártela con chichis al descubierto o simplemente con amplios escotes. Uno de mis personajes es el mismísimo Conde Drácula, quien no solo encarna la figura del vampiro por excelencia, sino que además destila sensualidad y sexualidad con su sola presencia. Tal vez el contarte la historia con generosas pechugonas tenga más sentido del que se podría esperar.
La realización de las dobles versiones de cintas viene de la cabeza del tío-abuelo de Viviana, Guillermo Calderón Steel. Si bien el manejo de filmaciones paralelas no era nada nuevo ya que de ahí surgieron las cintas clase b o incluso versiones internacionales como la versión latinoamericana de Drácula, surgidas en una época en que ni el doblaje ni el subtitulaje estaban presentes. La versión alterna ideada por Calderón venía con fines no tan prácticos sino como una posibilidad de explotar públicos más “sofisticados”, así como la explotación en mercados europeos. Esa parte de los rumores tenía su fundamento, al parecer. Desafortunadamente la idea no fue rentable, especialmente si consideramos que cintas como la de El Vampiro y el Sexo se filmaron en color, lo cual era más costoso que el hacerlo en blanco y negro, de ahí que solo se hayan hecho las dobles versiones en 4 o 5 cintas de las cuales podemos atestiguar la existencia de una.
La cinta rescatada, como ya se mencionó, tiene una restauración de imagen bastante buena. No solo trae consigo las míticas escenas de chicas completamente desnudas (bueno, exceptuando un curioso parche que bloqueaba la zona genital, haciéndome pensar que eso era más barato que pagarles la depilación o que había alguna especie de censura similar a la que padece el porno japonés, en donde no se pueden mostrar genitales y se conoce como Bokashi) sino que además cuenta con imágenes en un nunca antes visto color en donde podemos darnos cuenta, como se comentó anteriormente, que El Santo contaba con vestuario planeado para no mostrarse en color.
La cinta refleja su entorno no únicamente en el atuendo o en las ideas basadas en un progresismo científico formidable, sino también los cambios en las normas sexuales y cómo se trataban. Nuestros personajes principales se basan un poco en los estereotipos de los héroes pulp, en dónde tenemos al galante y siempre caballeroso héroe, al mejor amigo con conocimientos científicos, a la adorable chica que inevitablemente será la damisela en peligro, aunque con la diferencia de que en lugar de meter al tipo rudo pero de buen corazón, tenemos al descanso cómico con colguije que sería la envidia de cualquier rapero noventero. Luisa, la adorable chica, es la mujer en peligro pero una que disfruta de su sexualidad. Quizás no muestre un control total sobre la misma ya que se encuentra bajo el encanto del vampiro, pero es curioso que además de las escenas en que se muestra el ritual de “adoctrinamiento” que Drácula hace de sus doncellas, en dónde básicamente soba el seno izquierdo de una (ya que por ahí se encuentra el corazón, desde luego), la besa en la boca y le muerde el cuello, con Luisa también se toma su tiempo y el acomodo estratégico de encuadre para insinuar de forma más o menos explícita la realización de sexo oral por parte del galán nocturno a la chica. Evento rarísimo en cintas comerciales de la época que se debatía entre mostrar las tendencias importadas del norte y la preservación de las buenas costumbres.
Desafortunadamente, con la muestra de la cinta llegan también algunos inconvenientes. A nivel técnico, hay varias partes en que el sonido es prácticamente ininteligible, aunque afortunadamente esto se limita a momentos breves. En los aspectos no técnicos, hay quien podrá quejarse ya que en su mente armó una mejor historia basada en los rumores de la existencia de la cinta, quedando insatisfecho al verla finalmente en pantalla. En la misma línea, hay quienes se quejarán diciendo que es una restauración en una cinta que no fue de las mejores del Enmascarado de Plata. El esclarecimiento de un mito tiende a decepcionar a aquellos románticos enamorados del mito mismo. La realidad implica que de un corte de 81 minutos con el que se contaba en El Tesoro de Drácula se agreguen entre 15 y 17 minutos de escenas nunca antes vistas que, si bien no ayudan al desarrollo de la historia, explotan más el lado sensual de la figura vampírica sin trastocar la pureza del héroe o de la inocente dama en peligro.
Las historias han sido y seguirán siendo creadas, dando a su vez pie al surgimiento de otras más. Uno puede interpretarlas de maneras distintas pero lo importante es que sean disfrutadas. No importa si uno “carece del contexto que te hace digno de apreciar una obra en todo su esplendor”. A final de cuentas es una historia de vampiros con artilugios tecnológicos imposibles, estelarizada por un luchador y genio científico y aderezada por elementos que van desde el crimen hasta la fantasía, el humor, el vampiro y el sexo. La cinta estuvo enlatada por varias décadas y finalmente se ha permitido su exhibición. Limitada, pero que debido a la respuesta del público, tanto del “conocedor” como del “desconocedor” (como aquellos que vitoreamos a nuestro héroe en pantalla o nos atrevemos a reírnos de elementos narrativos inverosímiles), es posible que la cinta pueda contar con una distribución a futuro, ya que la productora ha afirmado que ya cuenta con acuerdos para venderla en formato DVD… en Estados Unidos por lo pronto. Como lo dijo en la misma cinta el personaje encarnado por Aldo Monti, “Hace años, manos enemigas destruyeron nuestra inmortalidad… pero hemos vuelto”.