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Hablando de… los testamentos: los últimos deseos

testamento Hablando de... los testamentos: los últimos deseos

La muerte de una persona siempre es dolorosa para la familia, quien sufre hasta que asimila la pérdida. Lo malo es que muchas veces se dejan problemas legales que no permiten que se supere ese terrible episodio.

Cuando la gente muere sin haber hecho un testamento, puede surgir una serie de inconvenientes que solo traerán más pesadumbre y gastos a la familia.

Empecemos por el principio: Un testamento es un acto personalísimo, revocable y libre, por el cual una persona capaz dispone de sus bienes y derechos, y declara o cumple deberes para después de su muerte.

Es personalísimo porque es un acto que solamente puede realizarse en lo individual. Revocable porque se puede cambiar las veces que se quiera y libre porque refleja la voluntad de una persona.

Lo realizan los individuos capaces, es decir, con 16 años cuando menos y que estén en su cabal juicio. Sin embargo, un testamento es válido cuando lo dicta un demente en un momento de lucidez; y tiene que realizarse ante dos testigos que conozcan bien al testador.

Quien realiza el testamento puede poner cualquier condición al disponer de sus bienes, como cuando un padre que le hereda a su hijo toda su fortuna, pero que se le entregará solamente cuando termine de estudiar una carrera universitaria.

Los testamentos son muy fáciles de hacer.

Los dos tipos de testamento más comunes son el público y el ológrafo. En el primero, el testador, quien expresa su voluntad, debe acudir ante un Notario Público para decirle cuáles son sus deseos. El Notario dará fe de ello en un acta realizada ahí mismo y le otorgará una copia al interesado, registrando el acto en sus archivos notariales. Este es el más común, pero como tiene un costo variable pero aproximado de 1300 pesos mexicanos, mucha gente prefiere no hacerlo. Pero ojo, cada año se realiza la campaña “Septiembre mes del testamento” y los precios del trámite bajan considerablemente, incluso en un 50%.

El testamento olográfo es más sencillo, ya que cualquier persona puede escribir su voluntad, con su puño y letra, y llevarlo al Archivo Notarial para que se le dé validez legal. Este procedimiento es mucho más sencillo y barato, ya que en promedio cuesta 300 pesos mexicanos. Se tiene que hacer por duplicado y con la impresión de la huella digital del testador en cada una de las hojas. Ambas copias se deben meter, por separado, en un sobre cerrado y lacrado. En el sobre con el documento original, se debe escribir, también de puño y letra: dentro de este sobre se contiene mi testamento; además del lugar y la fecha en que se entrega y deberá estar firmado por el testador, el encargado del Archivo Notarial y dos testigos.

Los beneficios de hacer un testamento son muchos y el costo es muy pequeño comparado con lo que se gasta cuando no se realiza.

Cuando una persona muere intestada se realiza una sucesión legítima, que es la división de los bienes, en partes iguales, entre los hijos y el cónyuge. Cuando le sobreviven ascendientes e hijos, los primeros recibirán una pensión por alimentos que no podrá exceder de la porción de uno de los hijos. Cuando no hay cónyuges e hijos, los bienes se dividirán entre los padres, por partes iguales; si sólo hay hermanos, sucede lo mismo. Cuando no hay familiares, los bienes se heredan a la Beneficencia Pública.

Los testamentos se abren o se leen en el momento en que se muere el testador o cuando se presume de su muerte. El albacea es una persona que nombra el testador, en la mayoría de los casos, que tiene la responsabilidad de ver que los bienes se repartan como era deseado, de su administración y del pago de las deudas que haya dejado el testador. Es él quien puede reclamar la herencia para los herederos, aunque también lo pueden hacer los interesados.

Se ve muy simple, pero cuando una persona muere intestada, para que la sucesión legítima se pueda llevar a cabo, los familiares deben probar su parentesco y eso puede tardar mucho tiempo, sin contar los gastos de abogados, pruebas y diligencias que se presenten. Además, en muchas ocasiones, aparecen familiares de los que nunca se supo que existían o que simplemente quieren aprovecharse de la situación.

Sin embargo, lo más desgastante para la familia es seguir dándole vueltas a un asunto doloroso, que no los deja asimilar la pérdida del ser querido, y superarla.

Todos hacemos planes para nuestra vida, pero es importante que también lo hagamos para nuestra muerte. La realización de un testamento no es complicado, lo único que hace falta es voluntad. Es más fácil que nos acerquemos a un Notario o al Archivo Notarial a dejar nuestro testamento y expresar lo que queremos que pase con nuestros bienes después de muertos, a que después la familia entre en conflictos porque todos se disputan una casa o un terreno.

Buscamos la justicia en nuestras vidas, seamos precavidos y busquémosla también después de muertos.

Imagen: RadioLevy

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