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La presente Muerte

c7 muerte index La presente Muerte

No entiendo dónde está Trudi. Dónde está su cuerpo.
Mis recuerdos de ella están en mi cuerpo, pero cuando me vaya,
¿dónde quedará?
Rudi, de Flores del Cerezo

¿Es la muerte el final? ¿Es un castigo, una maldición? ¿Deberíamos de avergonzarnos por estar cerca y verla de frente?

Durante una plática con mi madre salió el tema de la muerte y del miedo que podemos tenerle. No sé por qué razón, yo no le temo; creo que para mí la vida es mucho más retadora; lo que suceda después más que un misterio, es algo que se podría definir de forma parecida al destino.

La muerte transforma… y no hablo sólo del que se va sino del que se queda. Ella, la calaca, la tiznada, la flaca, la huesuda; es una verdad innegable e inevitable para todos, para todo, incluida también en el arte.

En pocos días y sin planearlo, tuve la oportunidad de ver dos películas con dos temas en común: la muerte y la cultura de Japón. Violines en el Cielo y Las Flores del Cerezo tocan de forma distinta estos aspectos desde las visiones alemana y japonesa.

Violines en el Cielo:
Okuribito/Departures (de Yojiro Takita, Japón, 2008) ganó el Óscar como mejor Película Extranjera el año pasado. Relata la vida de Daigo, un joven músico que al quedarse desempleado, decide mudarse con todo y esposa a su pueblo natal. Ante la falta de trabajo, acepta preparar cadáveres para las funerarias, sin sospechar que el encuentro sería mutuo, él había encontrado una labor y ese ritual lo había encontrado a él: había nacido para hacerlo.
Daigo tiene que enfrentarse a sus propios prejuicios, los de su esposa, los de los habitantes del pueblo y, por supuesto, hasta con su pasado.
Esta cinta nos muestra de forma poética la delicadeza que se requiere para ayudar a los muertos a que pasen al otro lado y también cómo es posible la reconciliación con lo que nos ha lastimado por mucho tiempo.
Dulce, con un ritmo extraño, vale la pena dedicarle las casi dos horas que dura.

c7 muerte2 La presente MuerteLas Flores del Cerezo:
Kirschblüten – Hanami (de Doris Dörrie, Alemania, 2008) nos acerca a la historia de Trudi y Rudi, una pareja tal vez común: con muchos años juntos, con hijos alejados de ellos y con una rutina casi impecable. Ella, se entera que él está muriendo y literalmente se lleva el secreto a la tumba. Él, muere un poco y revive a la vez con la partida de su esposa. Para manejar su pérdida, para entenderla y superarla, viaja al sueño de su mujer, ese sueño que ella no pudo ver nunca: Japón. Con un escenario extranjero, Las Flores del Cerezo retrata una vida moderna, una típica familia alejada y un hombre que justo a tiempo se permite… simplemente se permite. Butoh, sombras, acercamientos y el más allá, le dan el toque justo de entrañable a esta pieza que todo mundo me recomendó como “imperdible”.

En una y otra vemos el respeto por la muerte y cómo ésta impacta en los que se quedan: en una, al encontrar una vocación, un camino de vida, una pasión (casi prohibida), mientras que en la otra, al encontrar, realmente encontrar, al que se fue y a la vez, encontrarse a sí mismo. 

Después de ver estas dos películas, no puedes dejar de recapacitar sobre nuestro hoy, el día a día; lo que hacemos y todo lo que dejamos de hacer. Justo el día en que escribo este texto recibí un correo electrónico maravilloso, que me dejó con las ganas de sentirme muy viva. El correo habla de enfermedad y cáncer, pero más que de eso, la pura superficie, habla de algo maravilloso, de estar vivos.

Cintas como estas, como ese mail, todas y cada una de nuestras experiencias, nos llevan a un punto que definitivamente no podemos evadir: la muerte.  Pero lo que hagamos de aquí a entonces… es nuestro boleto.

¿Nos conocemos? ¿Nos atrevemos? ¿Qué tanto sabemos de nuestros padres, de nuestros hijos, de nuestros hermanos?

Supongo que no soy la única loca que se da cuenta de que a veces un par de mensajes de vez en cuando no es suficiente para conocer a alguien; que las personas cambiamos y que la vida se nos escapa si así lo permitimos.

No le temamos a la muerte porque hay que vivir la vida para que, de verdad, cuando llegue no haya problema: sin temor a lo que habrá más allá o lo que no podremos vivir aquí, en la Tierra.

 “El tiempo te da y te quita todo. Te da experiencia y te quita la arrogancia… Todo acaba en polvo y ceniza. Pero lo importante es lo que está en medio, lo que podemos hacer entre las dos oscuridades”
José Emilio Pacheco, La Jornada

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