Felices los que eligen, los que aceptan ser elegidos.
—
“A veces me pregunto sobre mi vida. Mi vida es sencilla; bueno, valiosa pero sencilla. Y a veces me pregunto, ¿lo hago porque me gusta? ¿O porque no he sido valiente? Mucho de lo que veo me recuerda algo que leí en un libro… pero, ¿no debería ser al revés? En realidad no quiero una respuesta, nada más quiero enviar esta pregunta cósmica al espacio. Así que, buenas noches, querido espacio”. Reflexiona Kathleen en el filme “Tienes un e-mail”…
Confieso que tengo la maña de ver las películas con subtítulos en inglés, tal vez porque este hecho me recuerda viejos tiempos, quizá para no olvidar una habilidad tan frágil como lo es un idioma, o simplemente porque es una lengua que me gusta y aún me gusta más saber que puedo entender la gran mayoría de lo que ahí sucede. Y no es que lo haga todo el tiempo, sólo a veces, y más cuando he disfrutado tantas veces una película que puedo recitar al unísono las frases.
Tom Hanks, aka* Joe Fox, mira su monitor y sonríe al saber que hay alguien en este mundo que se ha sentado frente a la computadora pensando en él. Y él piensa en ella, tanto así que hasta ha considerado enviarle un ramo de lápices con punta recién afilada… si tan solo supiera su dirección.
Meg Ryan, aka* Kathleen Kelly, espera impacientemente mientras se conecta su computadora. “Me comunico y se me detiene la respiración hasta que oigo esas palabritas: Tienes e-mail. No escucho nada, ni siquiera un ruido de las calles de Nueva York, sólo el latido de mi corazón. Tengo un e-mail… tuyo.”
Cramberries suena en el fondo, armonizando perfectamente con imágenes de los dos caminando por ese, uno de los pocos lugares de la vecina Unión Americana que me apetece conocer. Se cruzan una y otra vez, ambos tomando un delicioso café de Starbucks.
Café, una ciudad que adoras y una ilusión… ¡qué vida!

Escuchar las palabritas “You´ve got mail” o bien, leer ese esperado “1 correo nuevo”… abrir tu bandeja de entrada y, ¡tarán!, encontrarlo… El remitente está ahí; esas letras que maravillosamente se acomodan formando un nombre que te resulta conocido y que hace que en tu rostro se dibuje una sonrisa.
Yo he tenido varios amigos online, pero solamente un Tom Hanks.
Mágicamente mi día se alegraba. Durante horas (qué pena confesarlo) leía y contestaba sus innumerables correos electrónicos (en el trabajo, por supuesto).
“Are you online?”… supongo que si estás leyendo esto es porque sí, estás dentro del mágico mundo del Internet.
Y más allá de hablarles de esta historia que me ha marcado (yo y mi Tom Hanks), a la que prometo dedicarle más que unas cuantas líneas, quiero hablar de ese encuentro sorprendente entre dos personas que me han regalado incontables veces estos comediantes gringos (estadounidenses) en una de mis películas favoritas.
En tantas escenas me identifico con ambos personajes… claro, ellos en una versión mucho más “perfecta” y adinerada, pero aún así me reconozco aquí y allá.
Esa primera frase con la que comienzo este relato es de mis partes preferidas… ¿Quién lleva mi vida hacia un camino específico… la casualidad o yo? Tantas veces estamos seguros de que el destino nos tiene deparada tal o cual cosa… Otras pensamos que somos nosotros mismos los que tomamos las decisiones, o, en una posición muy cómoda, le echamos la culpa a Dios o hasta al horóscopo del día. Pero en realidad, ¿cuántas veces sentimos que tenemos el control?
¿Será que muchos de nosotros somos “una planta solitaria, de pie, orgullosa, meciéndose atrevidamente en las arenas corruptas del comercio”, como le dice su pareja a Kathleen? Es decir… ¿somos entes solitarios en esta máquina despiadada del neoliberalismo que nos impulsa a tener trabajos que odiamos para tener una vida cómoda o medianamente aceptable?
Para empezar creo que puse esta película porque me siento “navideña”. Anteayer fue el turno de “Love Actually” (sí, una vez más) y hoy de ésta. Y es precisamente en la escena en que Meg Ryan está poniendo su árbol de navidad que vienen las frases disparadoras… y donde escucho el enigmático nombre de Joni Mitchell por segunda vez en dos días: “¿Recuerdas esa canción de Joni Mitchel que dice ´Ojalá tuviera un río para alejarme por él´? Qué canción tan triste. Y ni siquiera trata de la Navidad pero pensaba en ella mientras decoraba mi árbol con adornos hechos de palitos de helados, extrañando tanto a mi mamá que casi no podía respirar. Siempre extraño a mi madre en Navidad pero este año es peor porque necesito que me dé consejos. Necesito que me haga un chocolate caliente y que me diga que todo lo que va mal en mi vida se resolverá”.
Y así, Joe se lanza a darle consejos. ¿Será por eso que buscamos alguien que nos ayude a resolver algo que parece muy difícil o que nos impulse a tomar las decisiones que nos da miedo tomar? ¿Será que necesitamos alguien en quién apoyarnos, alguien con quién compartir momentos tristes, cruciales, momentos felices?… Porque a veces si no hay alguien ahí, junto a nosotros, sentimos que la dicha o la angustia nos abruma por dentro y queremos sacarla; que exploten en mil pedacitos esos sentimientos que queremos que se acomoden en algún lado porque son tan grandes que dentro no caben ya. Y necesitamos a alguien de testigo… O puede ser que queremos a alguien que nos abrace y nos diga “estoy orgulloso de ti” o “sabía que lo lograrías” o “comparto esta alegría contigo”, o sencillamente que nos pregunte “¿puedo ayudarte?”
Algunos somos suertudos y contamos con familias maravillosas que nos apoyan, con amigos fantásticos que aunque estemos en nuestros peores momentos, están ahí para nosotros (incluso cuando seamos todo menos amigables), pero a algunos nos hace falta una pareja con quién compartir todo eso. Y más que un ser que comparta casa/cama/gastos contigo, alguien que comparta VIDA contigo. Así como en la película; un ser que sepa de ti, que sepa quién eres.
A veces lo buscamos entre amigos, en la calle, por donde vivimos, en donde trabajamos, muchas otras nos llega sin buscarlo, o hasta buscándolo en la red de redes.
Yo creo que en la vida sí van sucediendo cosas, y nosotros vamos tomando decisiones. Buenas decisiones.
En la cinta, Joe se queda atrapado con otras tres personas en un elevador (una de ellas es su pareja) y aunque suena cursi, todos comienzan a pensar qué cambiarían si salieran de allí: La señora elegante volvería a hablarle a su madre y se pregunta cómo estará; el elevadorista se casaría con su novia y se pregunta por qué no lo ha hecho antes si es lo que realmente desea, la pareja de Fox dice que se operaría los ojos y se pregunta dónde están sus mentas. En ese instante, mágicamente Joe percibe las cosas con total claridad y toma una decisión. Mientras tanto, y después de mucho pensarlo detenidamente, como adulto, Kathleen toma su decisión trascendental; la toma ella misma, después de pelear por lo que quería. Y Birdie, su sabia amiga, le dice algo real, que hasta hace que la película sea creíble: “Es lo más valiente que puedes hacer. Te atreves a imaginar que podrías tener una vida diferente. Sé que no se siente así, te sientes como en un gran fracaso, pero no lo es. Estás marchando hacia lo desconocido, armada con… nada”.

A pesar de que aterra, de que duele mucho, Kathleen mira hacia adelante, con todo eso que la ha hecho la mujer que es ahora, con ese pasado que la ha formado y con ese futuro que la aguarda.
No está mal… Nuevas perspectivas de vida, una lucha por lo que crees, disfrutar cada día del lugar donde vives y que adoras… Dejar ir y darle la bienvenida a lo nuevo.
Aunque suene difícil por mucho tiempo, al final será lo correcto.
Y si de decisiones se trata… yo elegiría un “Tall Caramel Machiatto” de Starbucks…
*AKA: “Also Known As” (también conocido como…)
Diciembre 2006