Una de las cosas de la igualdad no es que te traten igual que a un hombre, sino que tú te trates igual que como tratas a un hombre.
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Soledad… una palabra que a muchas personas las remite a sentimientos de miedo, dolor, tristeza y hasta vergüenza. Para ellos la soledad es aterradora, pesa enormemente; el sentimiento de soledad los hace sentir que han fracasado en la vida, que no son capaces de relacionarse con otros seres humanos, aunque los hay que están rodeados de personas, que tienen amigos, van y vienen pero al final se sienten solos, no saben cómo contactarse con ellos mismos y mucho menos con los otros.
¿Por qué da tanto miedo la soledad? Tal vez desde chicos nos enseñan que tenemos que vivir en sociedad, tener amigos, divertirnos y claro que todo esto es muy positivo, sin embargo aprender a vivir con nosotros mismos, a disfrutar de nuestra soledad, también es muy importante.
Una cosa es estar solo y sentir que no le importamos a nadie o tener un sentimiento de no pertenencia y otra cosa es vivir nuestra soledad, como ese espacio en donde podemos estar en contacto con nosotros mismos, disfrutar lo que hacemos, aprender a conocernos. La mayoría de las personas le temen a la soledad porque en el silencio de la vida interna salen a relucir nuestras emociones, nuestros fantasmas, nuestra sombra y nos da miedo conocer esa parte de nosotros.
Sin embargo si observamos un poquito cómo se vive la soledad en las diferentes etapas de la vida nos podemos dar cuenta que los niños pequeños no le temen, ellos juegan solos, viven en su mundo de fantasía, tienen amigos imaginarios y no necesitan de otros niños para sentirse bien. Esto no quiere decir que tengan que vivir en aislamiento, es importante que participen en la sociedad, que se integren y compartan con otros niños conforme lo van sintiendo. El niño que aprende a jugar solo, que puede desarrollar su imaginación, su creatividad, tener sus propios personajes de juego va creando su propia individualidad, su independencia.
El niño necesita su intimidad, necesita estar con él mismo. Les gusta su soledad porque disfrutan intensamente de su vida interna.
Conforme vamos creciendo en la convivencia con nuestros padres, familia y la sociedad en general aprendemos a estar más hacia fuera, tenemos muchas cosas que hacer, expectativas que cumplir, metas que nos imponemos y poco a poco nos vamos desconectando de nosotros mismos y ahí empezamos a vivir la soledad como algo “malo”, amenazante.
Esto se hace muy obvio en la adolescencia. La adolescencia es una etapa donde la soledad pega fuerte.
Los adolescentes viven un período de gran soledad, se sienten totalmente incomprendidos, inadecuados, no encajan en ningún lado, y sus amigos son tan importantes porque ellos les dan la sensación de pertenencia, de ser parte de, viven una soledad compartida. Es también por eso que la música cobra un papel muy importante entre los adolescentes, se aturden escuchando la música a todo volumen pues no quieren escucharse, les da pánico escuchar su soledad, su desconexión de ellos mismos y del mundo en general. Es una época de cuestionamientos sobre el Origen, Dios, la iglesia, de separase de papá y mamá y esto les da pánico y prefieren vivir desconectados.
Hacia los 25 años la mayoría empieza a insertarse en la maquinaria de la productividad, de crear un patrimonio, formar una familia. Aquí empieza el proceso de convertirse en adulto, en un profesionista o trabajador que va forjando su futuro, en ser padre-madre de familia. Se trabaja para crear una imagen exitosa y no hay tiempo ni energía para contactarse con su ser interior aunque de momentos se sienta la soledad, pero es mas importante cumplir con las exigencias de la sociedad.
Conforme se llega a la edad madura y ya no se está tan preocupado por crear esa imagen sino que es el momento de empezar a cosechar lo que se ha sembrado. El hecho de que los hijos se vayan, que ya no dependan de los padres deja un hueco, sin embargo considero que el hueco mayor es que ya no se está imbuido en el acelere de la vida, se acaba la vida laboral en el momento de la jubilación y se tiene más tiempo para estar con uno mismo, y no es fácil, y llega a ser aterrador y hasta paralizante. Es el momento de hacer un balance de lo que se ha logrado en la vida, de enfrentarse con sus logros y fracasos, con su luz y su oscuridad, con ellos mismos.
La soledad que duele, la soledad que pesa nos habla de una gran desconexión de nuestro propio ser, de nuestra vida interior.
Ojala, no importando si son niños, adolescentes, adultos o personas mayores se atrevan a volver a esa intimidad de los niños pequeños, que les permita disfrutar de estar con ustedes mismos, de soñar despiertos, de gozar de su propia compañía.