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Barranca

c2 barranca BarrancaTengo una barranca que incita al suicidio, no es por la inmensidad que esconde entre sus Árboles, o por el abismo que surge en ella cada que ahí¬, se esconde la noche. La barranca grita con los grillos, con la lluvia, con los relámpagos que ahí¬ detonan, aúlla, brama tristeza, me hace pensar en mi vida, en mis adentros, en mi yo pequeño. Es para mí imposible no llegar cansado del trabajo, ebrio del bar, enamorado de unas piernas, sin pasar a ver a mi barranca, escucharla un poco, asomarme a las casas vecinas notar sus ventanas encendidas, llenas de cariño hogareño, de una compañí¬a irrisible. Entonces volteo a mi casa, vacía y terca de compañí¬a, sucia, empolvando libros y recuerdos, dejando atrás poemas, sonrisas añejas.

Si entendiera el lenguaje de los grillos, de los mosquitos, de las iguanas, si entendiera su voz, su canto disparejo, si comprendiera la sinfoní¬a de las gotas de la lluvia de los relámpagos, si entendiera el reflejo que esconde el fondo, ¿qué dirá? Vamos, estás bien, mira tus manos que aún saben que son manos, tus ojos que nos miran, tus oídos que se prestan.

Alguien que cante conmigo esa sinfoní¬a, que la tararee, que la aplauda, que agradezca a la noche por su lluvia y su sueño, cuando sueño por ejemplo, que un día esta tristeza no es otra cosa más que miedo.

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