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Celebrando el ser subjetivo

subjetivo Celebrando el ser subjetivo“Yo ya llevaba un buen rato escribiendo Memoria del fuego, y cuanto más escribía más adentro me metía en las historias que contaba. Ya me estaba costando distinguir el pasado del presente: lo que había sido estaba siendo, y estaba siendo a mi alrededor, y escribir era mi manera de golpear y de abrazar. Sin embargo, se supone que los libros de historia no son subjetivos.

Se lo comenté a don José Coronel Urecho: en este libro que estoy escribiendo, al revés y al derecho, a luz y a trasluz, se mire como se mire, se me notan a simple vista mis broncas y mis amores.
Y a orillas del río San Juan, el viejo poeta me dijo que a los fanáticos de la objetividad no hay que hacerles ni puto caso:
-No te preocupés- me dijo- Así debe ser. Los que hacen de la objetividad una religión, mienten. Ellos no quieren ser objetivos, mentira: quieren ser objetos, para salvarse del dolor humano.”

Eduardo Galeano, “El Libro de los abrazos”

Cuando abrí mi primer blog alguien me dijo “que era muy subjetiva”: for God´s sake! ese no era un lugar de divulgación científica… era un espacio para despojarse de costales y soltar el cúmulo de vivencias en una pantalla, en un procesador con plantilla y todo. Un blog es un testigo de la vida… puede ser un diario o un lugar en donde plasmemos lo que pensamos o lo que creamos (cuentos, poesía, novelas por entregas) y que también forman parte de quienes somos (al final yo no escribo igual que tú o tú, sino lo hago con base en todo lo que he visto, creado, olido, comido, sentido).

Las nuevas tecnologías nos dan la posibilidad de abrir y acercarnos a mundos distantes, lejanos. Me siento un poco como en una película de ciencia ficción, donde soy la protagonista y ni me había percatado.

En una entrada (un texto que subes al blog) había escrito sobre la añoranza y Antonio Rangel (un joven amigo de hace años) le dio en el blanco: “añoranza por un futuro y no por un pasado”. Claro que es fácil querer volver a esos buenos tiempos, pero es mejor visualizar lo que vendrá.

Confieso que me es difícil hacer esto: ser subjetiva con mi futuro, ese que voy armando todos los días. Y hay una palabra que me ha rondado desde hace un año: procrastination. “Responsability and procrastination”. Tienes tarea.

Cada año sentía que iba poniéndole palomita a una lista de cosas: vivir en la capital del país, besar muchas bocas, no enamorarme, enamorarme, trabajar en un lugar grande, viajar sobre el Atlántico, hablar otro idioma, llorar al ver una pintura (una obra de teatro, un concierto, chale… una puesta de sol, hasta el Big Ben me hacía llorar), perder amigos, que me dieran las gracias por participar en un trabajo y en una relación. Aprender a decir que no (ah, cómo cuesta trabajo), darme la oportunidad de sentir y aprender a recibir (ah, cómo cuesta trabajo II). Regarla y pedir perdón. Vivir con mamá de nuevo y darme cuenta de que me vuelvo loca. Mudarme de casa de mamá (ah, cómo cuesta trabajo III). Ver nacer a mi sobrina y amarla sin explicación, conocer un nuevo sitio, re-encontrarme con viejos amigos, reconocerme como un ser humano con virtudes (ah, cómo cuesta trabajo IV) y defectos. Empezar a perdonarme por los errores y no condenarme por ello (ah, cómo cuesta trabajo V). Dejar de procrastinar y tomar decisiones. Darme chance y sonreír. Volver a ciudad de México, vivir con alguien más, adaptarme, ser paciente. Tener mil trabajos, disfrutar la ciudad y no sufrirla (eso me sale re-bien), usar cremitas antiarrugas, respetar mis canas. Ver a Damien Rice en vivo, a la filarmónica de la BBC, Alanis Morissette, fiestar hasta que amanezca. Volver a enamorarme y a no enamorarme y acordarme que la vida es hoy, al igual que el amor. Respetarme y planear un futuro.

Reconocer que aunque me encantan las películas de arte, hay veces en que no tengo ganas más que de escuchar la sonora risa de Julia Roberts; que bravo por Daniel Day Lewis pero que no volvería a ver “There will be blood”. Que siempre miento al decir que no vuelvo a hacer nada de “a gratis”.

A veces está bien tener crisis pero es mejor salir de ellas con decisiones e ilusiones. Ah, supongo que ese era el problema: las ilusiones. Esas que deben de ser propias y no dependientes. Esas que aunque te gustaría compartir no es requisito indispensable. Que siempre estará México, Inglaterra, España, Canadá y Argentina. Que no necesitas una beca para volar y menos aún, para vivir lo que ansías vivir. Darme chance y reconocerme como alguien que le da vueltas a las cosas y hasta le cuesta trabajo decidir el sabor del helado. Al final quien te conoce lo acepta y lo aprecia: total, así soy. Con todo eso que mencioné arriba y todo lo que también callé.

Vaya, hasta hay que darse chance de ser cursi y medio filósofo. Bravo por la subjetividad en tu propia vida.

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