Por: (52)
(2 votes, average: 0.00 out of 1)
393 visitas

De princesa a dama

princesa De princesa a damaLa princesa berrinchuda ha desaparecido. Mando a dormir a la niña irresponsable y le doy la bienvenida a la dama que se hace cargo de sus acciones.

Hace un tiempo leí algo que me llamó la atención: “Para que exista un caballero debe de haber una dama”. Me hizo mucho ruido la frase. No, pensaba yo, un caballero debe de existir por sí mismo, así, solito, porque todas somos damas, ¿no? Pues no.

Esto lo entendí… cuando lo entendí, luego de no haber sido tratada como una dama… Claro, y hasta después del coraje, de mi postura e indignación… ¿¡cómo se atrevía este individuo a hablarme así!?, ¡a mí, que soy una princesa!

Y ahí está la clave.

Muchas mujeres vamos por la vida con una creencia, con un discurso guardado en no sé qué parte de nuestros cerebros que dice: “soy una princesa, trátame como tal”. Así nos comportamos, como princesitas. Esa actitud está muy bien durante la infancia, cuando nuestro rey, papi, nos consiente, nos da ese cariño que necesitamos para crecer con una autoestima firme, con el sentimiento de ser amadas y valoradas.

Durante la adolescencia, todavía hay residuos de esas creencias. En la secundaria, y aún en la preparatoria, seguimos exigiendo ese tratamiento… lo malo viene cuando lo mantenemos hasta la madurez —o diría yo, hasta lo que pensamos nosotras es madurez.

Yo lo aprendí cuando me topé con un patán. No recuerdo bien la situación, recuerdo la emoción: estaba delante de él, portándome de una forma muy igualada, de alguna forma muy llevada, y él, en lugar de “darme mi lugar”, me respondió de la misma manera: llevándose y siendo grosero. Nunca olvidaré el sentimiento: indignación. Pensaba: cómo se atreve a hablarme así. Era totalmente desconcertante, ¿por qué no actuaba como todo el mundo?, ¿por qué no era un caballero, respetando mi pataleta o mi comportamiento de princesa? Ah, es que él no era un caballero, y yo, no me comporté como una dama.

Poco a poco llegué a entender ese capítulo de mi vida, y hace un par de semanas, en twitter lo vi claramente y quise dejarlo plasmado en palabras: una mujer insultaba a un hombre y recibía una respuesta de lo más grosera. El novio de esa mujer quería quemar al individuo (que es un patán, por supuesto): es que hay niveles, me dijo. Yo le contesté: si ella sabe que él es grosero, para qué lo insulta. Así fue, ella lo insultó y él devolvió el insulto. No hubo dama, no hubo caballero.

Si insistimos en comportarnos como princesas caprichosas, esperando a que todos bailen a nuestro son, mirando por debajo del hombro a todos, asumiendo que por nuestra condición de mujeres —y sólo por eso— debemos de recibir el tratamiento “a la altura”, llegará un momento en que el caballero per se (ese que aguanta estoicamente y está en extinción) no esté ahí para defendernos de algún patán.

En cambio, si vamos por la vida portándonos como unas damas (la etapa de princesas ya pasó, fue muy buena, la explotamos, la necesitamos, pero ha quedado guardadita) siempre habrá un caballero. Bueno, la mayoría de las ocasiones.

Una dama se da su lugar, no espera a que alguien más se lo dé. Una dama trata con respeto y consideración a los otros, no importando la condición económica, intelectual o social en que se encuentren. Una dama es educada y piensa que sus acciones tendrán consecuencias, por lo que las asume y las enfrenta con la frente en alto. Una dama pide disculpas si se equivoca y trata de enmendarlo. Una dama enseña con el ejemplo, no necesita defender sus hipótesis o su comportamiento.

Una dama es eso, todo eso; por eso, será más común que una dama encuentre caballeros a su paso, pura reacción, efecto, consecuencia.

Para mí la princesa berrinchuda ha desaparecido. Mi princesa interna está feliz, en ese lugar dentro de mi pasado y de mi vida interior, está cuidada y protegida, consentida y ya no necesita hacer berrinches; está bien en ese lugar seguro de mí misma. La niña irresponsable se ha ido a dormir. Mi niña interna también es cuidada, escuchada y apapachada por la dama que soy ahora, por mi adulta y no necesita hacer pataletas para hacerse escuchar… Aunque ambas salen por ahí, levantan la manita y el piecito, tratando de brillar, mi adulta las contiene y si no puede, ni modo: así es, asumo lo que viene.

En la vida hay que dar lo que esperamos recibir, tal cual. Creo que es parte de la madurez. Y la verdad es que me gusta.

Imagen:  CC 2.0 por Nono Fara

Articulos Similares:

Guardado en: Autoconocimiento, Destacados, Mi Interior Tags: , , ,

6 han comentado

  • Reyna dice que:

    Holaaa, me gusto mucho tu artículo, yo realmente prefiero no usar las etiquetas, damas/caballeros, hombres/mujeres a final de de cuentas todos seres humanos que queremos y damos respeto, no hay más al menos para mi, tal vez me volví simplista no lo se, me encanta la idea de las princesas y las damas, pero neta a veces no se si mis emociones me dicen que haga lo que sienta, con respeto y asumiendo las consecuencia de mis elecciones, difícil pero necesario… :-d Buen artículo.

  • Laura Sainz dice que:

    Un buen amigo caballero me dijo un día que me oyó decir una grosería en voz alta: “Laura, una dama no habla así…” Me quedé congelada, qué razón tenía. Gracias Misa, tú sí eres un caballero.

  • Eunice dice que:

    Conste, eh? que no le van a dar mi mail a nadie…estoy harta de publicidad basura. Me encantó tu artículo. Inteligente y bien articulado. Gracias. Lo puse en mi página de face, espero que el mensaje se difunda. Que bonito expresas la esencia de lo que es estar equilibrada, poniéndo a la nina a salvo en nuestro interior y a la adolescente también, mientras nosotras, “las adultas”, organizamos nuestra vida. Yo todavia estoy en proceso, la neta es que aquellas dos instancias todavia saltan en diversas circunstancias, pero ahí voy. Me encantó eso de mantenerlas seguras, consentidas y protegidas.
    MUCHAS FELICIDADES por tu artículo!!!

  • crislata dice que:

    Reyna, OJALÁ todos los seres humanos diéramos respeto. Muy en desacuerdo contigo en ese sentido. Pero de acuerdo en la parte de seguir nuestra intuición y creencias asumiendo las consecuencias. Gracias por pasar y comentar.

    Laus, yo no sé si una dama dice o no groserías… en realidad no me refería a eso… jejejejeje. Es algo más allá, el comportamiento con la gente, las acciones más que las palabras. Creo que soy una dama bien malhablada… jejejeje. =) Besis, cómplice.

    Eunice, ¡bienvenida! Gracias por tus palabras y por compartir. Me alegra mucho que te gustara. Es un proceso en el que muchas estamos… A veces salen por ahí “la berrinches y la otra” jejejeje… pero es parte de, no? Un abrazo.

  • Adriana dice que:

    Hay una campaña de una marca de Whisky, no me acuerdo cuál, pero es muy famosa y muy buena la bebida. En fin. La campaña consiste en que hay que rescatar la cabellorisidad, que no sólo fue de los años 20 o 40. Leyendo tu artículo me pongo a pensar en que en buena forma, sí. POr qué no rescatar si vale la palabra la “damosidad”, en todo el sentido de la palabra; por qué no?.

  • Crislata dice que:

    Sí, manitud, yo de acuerdo!

Responder