Pero, ¿por qué esa manía de querer encontrar explicación a todos los aspectos de la vida?
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Hay gente, mucha gente, que le teme a la soledad, es más, se sienten tan desesperados cuando están con ellos mismos que inmediatamente toman el teléfono, el Nextel, la computadora y se conectan con alguien más: no paran de hablar, de comunicarse. Quizá sea sólo socialización, pero para mí es que no pueden estar solos con sus pensamientos, con su voz interna.
Esto, al parecer, es bastante común, pero también hay otros… a los que les acomoda bien la soledad y que más bien tienen miedo a estar con otros.
Sí, hay seres solitarios que no necesitan el bullicio para sentirse en paz. Eso no está mal… el problema viene cuando la soledad es el resultado de algo distinto… de otro tipo de miedo.
Ese temor puede ser tan profundo que les impide relacionarse, entregarse, pensar en dos; que se mantienen al margen para no arriesgarse.
¿Les suena familiar?
Sí, ya sé que algunas mujeres nos quejamos del poco compromiso que demuestran muchos –REPITO, MUCHOS- hombres, pero, ¿casualmente?, hay también muchas mujeres solas –DEMASIADAS-: ellos casi de inmediato sustituyen a una mujer y se consiguen otra; entrega o no entrega, da igual; pero nosotras no nos emparejamos tan fácilmente; al parecer el miedo nos paraliza. Entonces nos quedamos ahí, viviendo un duelo que puede durar semanas, meses o años. Ese miedo, resultante de un gran dolor, trae consigo fantasmas que se van arrastrando por ciudades, kilómetros, anécdotas, fiestas, soledades y silencios; no respeta y puede meterse hasta los huesos. Igual ellos saltan de una relación a otra y nosotras puede que no tanto, pero al final el miedo a comprometernos, al otro, a la intimidad, a entregarnos y sí, a volver a salir lastimados, no es exclusivo de un género.
Lo más sencillo es enconcharse, encerrarse en un capullo casi impenetrable, que no le permita la entrada a nadie. Pero, ¿de verdad queremos estar en ese lugar?, ¿es tan cómodo irnos al otro extremo?, ¿es realmente un lugar cálido, en donde podemos estar felices viviendo día a día, año con año?
Yo creo que no. Yo creo que es un lugar que duele, un lugar que a veces se siente bien pero muchas otras se siente… mal: no correcto, incómodo, equivocado. Es un sitio en el que sabes –y también sientes- que estás perdiéndote de algo, algo mejor, tal vez no igual a lo que los otros (los del ejemplo de hasta arriba) se generan, pero sí algo a tu medida y que no te dejará ese hueco, ese dolor, esas preguntas, ese…
Miedo. El miedo nos acecha, nos atrapa y nos puede devorar. Se requiere de una persona muy honesta, sincera para reconocerlo, decirse a sí misma: tengo terror de que me vuelvan a lastimar. Y también depende de ella el ponerle remedio… al menos el intentarlo. Un día a la vez. Es probable que sí nos estemos perdiendo de algo muy bueno. Solas o acompañadas, estaremos libres para decidir desde, ahora sí, otro sitio… un lugar donde nos sintamos firmes y en realidad en paz.
Pero el remedio de raíz no es sólo decirlo en voz alta, sino ver qué es lo que nos genera ese sentimiento, ¿de dónde viene?: ¿rechazo?, ¿abandono?, ¿separación? Al reconocer la verdadera razón (esa que muchas veces nos hace repetir el patrón) podemos, ahora sí, enfrentarlo y trabajar con ella, quitarle el poder que nos hace huir. Quizás al principio sigamos teniendo miedo, pero como es consciente qué es lo que lo provoca, podemos enfrentarlo y superarlo: “Ok, sé que en una situación así siento esto, pero, ¿es real o sólo es un patrón?, ¿en realidad esta persona lo está causando?”
Es un trabajo difícil, pero hay que estar comprometido con uno mismo y nuestra felicidad… ¿o será que también eso nos da miedo?
El tema es muy controversial y me parece que te fuiste a los extremos. Desde mi experiencia hay soledades muy sanas, el aprender a estar contigo misma, favorecer el diálogo interno y reconocer que eres una persona individual sin necesidad de tener a alguien que te da una identidad. Me gusta estar sola, normalmente estoy llena de actividades y eso impide caer en estados emocionales feos. Claro que eso depende mucho de las metas que cada persona tiene y el grado de logro que alcance. Gracias por compartir este punto de vista y como dices, somos muchas mujeres solas. Te mando abrazos.
Hola irma, sí, la soledad es muy buena y sana (ya he escrito al respecto), pero lo que aquí me refiero es al miedo a ser lastimado… no el miedo a estar solo, sino al contrario: a que nos dejen… y entonces es mejor estar solo, así no te arriesgas.