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Frente a mí

c2 frente Frente a míTengo ganas de escribir un rato. Tengo ganas de reconocerme en esas líneas, en ese hábito que durante tanto tiempo me devolvió la cordura. Tengo ganas de que surjan las palabras como solían surgir antes: a tropezones, con errores, con lágrimas en los ojos y el corazón palpitando de saberme desnuda ante la mirada de quien pudiera leer ese pedazo de papel virtual.

Deseo inmensamente conocerme a través de vocales y consonantes; de las r, las a que forman mi nombre y todos esos adjetivos que me describen, esos que me cuelgo todos los lunes y me descuelgo cada domingo.

Quiero reconocerme como he sido durante casi 34 años, como he sido durante este año, durante los últimos 10 o las últimas dos horas.

Siento la necesidad de volver a juntar los cachitos que están extraviados, que se han quedado no sé dónde pero que ya no están y que tanto echo de menos.

¿Dónde quedaron esas ganas de cine, dónde esa curiosidad insaciable, ese deseo frustrado de arte y de diseño; dónde quedó mi pasión por la fotografía, mis ganas de experimentar, de crear, de viajar; esa necesidad casi física de escribir, de describir, de contar y compartir; dónde esa voracidad por bailar por la vida, de no verla pasar sino de ser protagonista; esa pasión por sentir, esa entrega, esa carcajada abierta y sonora?

Quedaron tal vez en todo eso a lo que trato de encontrarle nombre y que por lo mismo se ha perdido; en la gente a la que he intentado darle gusto, en los estándares en los que muchas veces me pregunto si encajo o debería de encajar; en tratar de entender la diferencia entre lo que quiero, lo que deseo, lo que debo y lo que debería. Ahí me he quedado perdida, ahí vive parte de mí y de mi esencia; esa esencia que intento encontrar en mis plantas muertas, en las vivas; en mi recámara a oscuras, en el agua de la regadera, en mi cepillo de dientes y los poros de mi piel, en mis pulseras de cuarzo, en mi sombra, en mi reflejo y en mi voz. Intento encontrarla en mis ojos, en mi mirada profunda y perdida; en mi ser pequeñito y en el grande; en mi cabello largo y mis uñas frágiles; en mi caminar infantil y mi postura sensual, en mi café de las mañanas y el vacío que a veces siento los fines de semana.

Porque cómo podría explicarse un ser tan contradictorio, o  entenderse; cómo una persona que busca congruencia puede ser tan incongruente. No es lógico que alguien valiente tenga tanto miedo, que alguien rodeada de millones de personas se sienta sola; que una mujer adulta extrañe a su familia, que alguien tan vulnerable tema pedir ayuda o que alguien tan independiente tenga tantos deseos de que hagan algo por ella. Femenina y broncuda, inocente y colmilluda, sabia pero ignorante; gritona pero silenciosa, falsa de tres pesos y verdadera de un millón; desesperada, ruidosa, exasperante, enojona, llorona, solidaria, leal, floja, trabajadora, celosa, segura, insegura, brutal y arrolladora.

Así que quiero encontrarme en estas líneas; quiero hablarme de frente, siendo completamente honesta conmigo misma. No sólo quiero, lo necesito. Necesito saberme aún aquí; saber que lo que amo continúa conmigo, que mi esencia es la misma; que lo perfectible también muchas veces es lo fundamental; que eso “raro” o peculiar quizás sea lo más valioso; que lejos de ayudarme me estoy perdiendo.

Ya no quiero ponerme más pretextos, no quiero echarle la culpa al otro de nada… y menos a mí misma. Quiero poner en práctica los mismos consejos que doy, quiero devorarme la vida a miles de pequeñas mordidas; quiero no devorarme nada porque quiero sólo observar. Necesito sentir la música dentro para poder escucharla afuera. Deseo sentirme en paz pero llena de energía para crear y, quizás, procrear.

Ya me cansé del desgaste emocional, de tanta pregunta sin respuesta, de abrumar a los demás y a mí misma, de no dormir, de que mi cabeza esté a mil todo el tiempo y a la vez se esté quedando en blanco.

Me cansé de ésta prisa en slowmotion, de este temor con adrenalina al cien, de la calma ruidosa, del silencio estridente, de correr en mi mente mientras estoy sentada sin mover un dedo.

Tengo que ser honesta y decirme la verdad. Quiero amar, tanto como sea posible al más posible; quiero dejarme amar con esa misma intensidad. Quiero conocerme y dejarme conocer. Ya no quiero tener miedo ni achacarle a alguien más mi propio terror. No quiero sentirme tan asustada y ver como única posibilidad de salvación el realizar cualquier estupidez para mantenerme quieta, para no exponerme, para no abrirme, para no darme, para no dejar entrar. No quiero que las emociones me controlen pero tampoco quiero controlar mis emociones; ambiciono tener la valentía de dejarme llevar, de que el sentimiento me embargue y cobre vida propia. Renuncio a tener el control de todo, a abrumarme, a preguntarme, a sentir que si no lo hago de determinada forma no funciona. Quiero reconocerme inexperta y sabia; bruja e ignorante, libre y esclava; creyente y atea; dulce y amargada; madura e infantil.

Añoro amor y ruido, silencios largos, y desvaríos compartidos y privados.

Sueño con comenzar esta nueva etapa en paz pero en ebullición, feliz pero tranquila, dormida pero más despierta que nunca.

Quizás hayan sido los 33 como bien me dijeron, pero la verdad es que ya me extraño a mí misma.

Feliz cumple 34 a mí misma.

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2 han comentado

  • alicia dice que:

    Feliz cumple 34 amiga!!!! Y vamos por más en el camino de descubrir nuevas formas!!!
    Y… por lo menos otros 34 juntas!!!!
    Te quiero muucho!!!!

  • Lata dice que:

    gracias amigaaa

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