Te preocupa ver a tu hijo pasar sus años jóvenes sin hacer nada. ¡Cómo! ¿Acaso no es nada ser feliz? ¿Es acaso nada saltar, jugar y corretear? Jamás volverá a estar tan ocupado otra vez en su vida.
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Mi mamá y mis tías siempre hacen referencia a sus tiempos, donde platican que nada era desechable, que ellas lavaban y planchaban los pañales de los hijos, los desechables solo eran para ocasiones especiales; también cuentan ─porque estas sí ni las conocí─ que las toallas femeninas eran unos paños que también se lavaban.
Pero entiendo que eso es muy pasado, me iré solo unos años atrás, a la infancia de los que nacimos en los años 70’s. Empezaré por las cosas grandes: muebles. Eran de buena madera, de muchísima calidad nada de conglomerado y eran para siempre, o si lo creen, no vayan a casa de la abuela y todavía podrán encontrar los originales de aquel tiempo. Autos: en casa había un solo auto o si bien nos iba 2, para los jefes de familia y los cambiaban cada 10 años o tal vez más. Sucedía lo mismo con los artículos de electrónica y electrodomésticos, televisiones, radios, aparatos de sonido, etc.; había igualmente una tele en la casa y duraba años.
Ahora cosas más pequeñas de nuestro día a día. En mi casa tomábamos leche de rancho así que nos las entregaban en botellas de vidrio y la teníamos que hervir antes. Para los refrescos, teníamos que esperar a que pasara el camión y nos dejara la reja familiar, retornables con botella de vidrio. Todos sin excepción usábamos termos o cantimploras para llevar el agua a la escuela, que por cierto, era agua hervida en casa, preparada en casa con fruta natural. Ya en ocasiones muy especiales, tomábamos una “Chaparrita o un Frutsi”. Las mamás cocinaban en casa, había poca comida congelada, los centros de comida rápida ni siquiera existían.
¿Y qué decir de los juguetes, bicis y muñecas con las que jugaste gran parte de tu infancia?, era sobre la misma colección.
Así podría seguir con mil ejemplos de lo que tuvimos y ahora ya no lo vemos más y no es que este menospreciando la modernidad y la tecnología, de hecho me gusta y poco a poco reconozco que soy más dependiente de ella y claro que nos hace la vida más cómoda.
Pero también ha habido cosas que se transformaron con la modernidad, de lo cual estamos pagando un precio muy alto y ni siquiera nos damos cuenta.
Ahora los mencionaré en sentido contrario, empezando con la comida. Estamos llenos de comida chatarra, de comidas rápidas, que día a día empeoran nuestra salud; hemos dejado lo natural por lo envasado.
Las verduras, creo que se han vuelto un artículo de lujo, no por el precio, sino por el tiempo de preparación, el cual ya no tenemos. Nos hemos convertido en el primer país en consumo de refresco gasificado, porque es fácil andar con nuestra botellita o lata, es más, encontramos máquinas expendedoras en todos los edificios de oficinas, en estacionamientos, tiendas de conveniencia de 2 a 3 por cuadra, para poder tener siempre a la mano el refresco bien frío.
Artículos de tecnología, no duran más de un par de años, los celulares a sirven penas el plazo del plan que contratas, las televisiones que si pantallas, que HD, Plasma, LCD, 3D, es una cantidad de estilos y variedades que abruma y si eso es con las teles, bueno, las computadoras son un mundo aparte, se vuelven obsoletas al momento de salir de la tienda.
Incluso en la cultura mexicana tener un auto nuevo se ha convertido un tema de estatus y pertenencia, so pretexto del “No circula” empezamos a comprar el coche extra para tener el comodín en casa, cuando mucho tenemos un auto en casa durante un promedio de 5 años.
Los muebles, ahora los encontramos en cajas, para armar, de pésima calidad; se rompen, se pandean, se les cae el recubrimiento, etc.
Pero lo que me invita a la reflexión es que creo que así vivimos ahora de manera desechable, el mundo nos está gritando que no aguanta un bote más de basura, que no puede detener ni un papel, que ya no hay árboles, pero yo me volteo y pienso que no tengo tiempo ni siquiera para lavar mi botella de agua, ni me termo de café, así que si consumo tres cafés al día son tres vasos de unicel para contaminar nuestro mundo.
Así como los muebles duran poco, así mismo los matrimonios duran poco: somos poco tolerantes a la frustración y cada vez somos más rígidos; no obtenemos lo que queremos, cuando lo queremos y como lo queremos, entonces no queremos nada y nos deshacemos de la pareja e incluso de la familia.
Los niños tiran y destruyen sus juguetes en un afán de demandar atención y cuidados, pero los padres estamos tan absortos trabajando de sol a sol para poder comprar ser nuevo juguete, ese videojuego, para que sus compañeritos se den cuenta que buenos padres somos.
Trabajamos para afuera, para cambiar el auto que tiene 3 años, el teléfono que ahora hay uno más inteligente, comprar el par de zapatos número 41 que es el color de la temporada… así, llenos de cosas que no duran más de una temporada, fingimos que no pasa nada, que todo está en orden y que todo lo mantenemos bajo control.
La vida es equilibrio: afuera y adentro, tiempo para tirar y tiempo para conservar, comodidad y placer versus responsabilidad y cuidados para con nosotros, nuestra familia y el mundo.
Imagen: cc 2.0 por Hagi F.S
Excelente artículo.
El trabajo para afuera, como lo defines, nos lleva a olvidar el trabajo requerido para estar bien adentro, hacia el interior de cada uno de nosostros que por definición nos llamámos personas.
Siempre es más fácil mirar afuera que adentro, y mientras nuestra vida hacia afuera es cada vez más desechable, me parce que hacia adentro volvemos más perdurable aquello que nos hace sentir solos e insatisfechos con nosotros mismos.
Felicidades por tu escrito.- enriquecedor…