Los niños pueden siempre enseñar 3 cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que se desea.
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Fragmento de Mujeres de Luz, por R. y J-P. Cartier
Mi padre era un gran científico y un ser maravilloso. Cuando tuve trece años me dijo: “Marguerite, tienes que escoger entre tu violín y tu bachillerato”. Debía de imaginarse que no podría realizar los dos perfectamente. Era espantoso para mí, pero en aquel tiempo se obedecía a los padres. Reflexioné mucho y elegí el violín. Hoy sé que elegí bien, porque de haber escogido los estudios, no me cabe la menor duda de que habría estudiado teología. Sería ahora una teóloga llena de ideas en la cabeza, siendo así que, estoy convencida, hay que partir siempre de la vida.