No sigas por el camino ya marcado, avanza más bien por donde no hay sendero y deja una huella.
—
Amor ¿te has dado cuenta que me tienes en el olvido? Eso le decía Lola a su esposo mientras él leía el periódico.
Pero Lola no se refería a eso. Era un vivir diario como objeto decorativo en la mansión de Don Roberto. Era que a pesar de tener dinero para comprar cualquier cobija no tenía el calor de unos brazos que la estrecharan con fuerza y delicadeza al mismo tiempo. Era pedir a sus hijos comprensión.
Hacía poco tiempo le diagnosticaron fibromialgia y pensaba: Sí me duele aunque no lo vean… sigo aquí con parches de morfina para mitigar el dolor. ¿De qué me sirve tener “mi familia”, la que yo desee, la que yo formé… si no sé si la soledad en la que vivo me duele más que el cuerpo?
Quiero a mi hombre pero no con ojos de desinterés sino con esa mirada llena de pasión que hizo que me enamorara de él, quiero a mis hijos sin que me vean como un costal de achaques; quiero que me vean como lo que soy, mujer de carne y hueso que ha desempeñado muchos roles…
Y aquí estoy… sola otra vez.