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Un momentito para mí

c2 moment mio Un momentito para mí¿Qué es la soledad? ¿Un ser humano puede realmente estar solo?

Según wikipedia, soledad es aislamiento:

“Soledad significa aislamiento o confinamiento, falta de contacto con otras personas. Puede tener origen en diferentes causas, como la propia elección del individuo, una enfermedad contagiosa, hábitos socialmente inaceptados u otras como la situación social o laboral del individuo.”

Pero si nos apegamos a esta definición de manera estricta, nos daremos cuenta de que en realidad son pocos los que se han aislado de esa forma pero TODOS, en un momento u otro, nos hemos sentido solos.

Estar y sentirse solo, ¿es lo mismo? ¿Por qué nos sentimos solos si en realidad, no estamos aislados? Vemos a personas todo el día: en la calle, en la tienda, en el trabajo, en la escuela, en centros de diversión… ¡en realidad no estamos aislados! (si así lo elegimos, claro está.)

“Soledad” es, como tantas otras, una pobre palabra malentendida. La gente cree que estar solo es horrible, casi como una maldición. ¿Cuántas veces hemos escuchado que alguien se compadece de otra persona porque “está solita”? Muchas. Nos imaginamos a un ser que vive en un lugar descuidado, maloliente y alejado del mundo exterior, pero no sólo eso, nos imaginamos al individuo por dentro y lo percibimos justo así… descuidado, maloliente y alejado.

Pero, ¿por qué es esto?, ¿qué parte de la soledad dejó de ser un privilegio para estar con nosotros mismos y se convirtió en maldición social?

Imaginemos ahora a un mensajero que cruza el desierto; a una mujer que camina kilómetros en busca de agua, a un monje budista o a un alpinista. ¿Tienen la misma sensación? ¿Verdad que no?

La soledad llega a nuestras vidas cuando así lo permitimos. Y vaya que lo permitimos. Nos sentimos solos cuando nos hace falta algo o alguien… cuando hay una necesidad que cubrir. Entonces, aunque estemos rodeados de personas, nada nos satisface porque no tenemos ALGO. Pero eso… no es soledad.

¿Será la soledad una maldición impuesta de forma cultural? ¿Por qué es tan terrible enfrentarnos al silencio, a la idea de no tener a alguien cerca con quién compartir momentos, palabras, abrazos, afectos…?

Ah… ahí está la clave. Creo que estamos hablando de cosas muy distintas… una cosa es no tener gente cerca, cariños con quienes compartir y otra, muy diferente, sentirnos solos por elegir o disfrutar estar con nosotros mismos sin nadie más.

No sé en realidad de dónde salió esa constante avidez de presencia humana, de hablar todo el tiempo, de dar hacia afuera… porque es un poco como estar enfermos, ¿de nosotros mismos?

Lo veo claramente en uno de los miedos básicos de los hombres ante el matrimonio: tienen miedo a perder su independencia, su “libertad”, su “soledad”. Y no están muy equivocados. Luego de un día complicado es probable que quieran un poco de paz, de silencio, de espacio consigo mismos para meditar o hacer algo que realmente les guste… solos. Aquí es donde entra la imagen de la esposa blablabla que no lo deja en paz. Y no es que ella quiera molestar, seguramente quiere compartir de forma genuina su día o se interesa en lo que le sucedió al otro, pero uno no sabe qué necesita (sólo se siente abrumado) y la otra no tiene idea de lo que el otro necesita (y viene de las dos vías).

¿Qué pasa si él dice: me das un ratito y luego platicamos? ¡Caos!, ¡drama! Porque, además, estoy segura, que él no lo pediría así, ja.

Si dejáramos de ver a la soledad como algo amenazante y la comenzáramos a ver con un espacio necesario para nosotros mismos, tan necesario como ir al baño ─todos los días─ terminaríamos por desestigmatizarla.

Observémonos muy de cerca y reconozcamos que necesitamos ratos de silencio, ratos con nuestro interior.

Yo, María Cristina, soy una persona que NECESITA tener momentitos para mí. Me encanta caminar por las calles y hacerlo sin prisas. Si no se puede por las calles, un centro comercial es la mejor compañía. Puede ser con un café cuando hace frío, con un helado cuando hace calor. Caminar y pensar. Caminar y mirar el paisaje: los árboles sin hojas durante el invierno, las flores y sus colores durante la primavera. Ese es mi espacio para la cordura. Otros días será llegar a mi casa y encerrarme, ¡no estoy para nadie!, no convivir por internet con mis ciberamigos, no mensajearme con algún contacto; quiero ver la tele, quiero escuchar alguna meditación, leer un libro, navegar por la red o simplemente escribir.

Si nos diéramos cuenta de que el silencio, la soledad, son momentos NUESTROS y no una maldición, empezaríamos a disfrutarla y a respetarla. Por supuesto, como parte de un equilibrio natural de los seres sociales que somos.

Así que te invito a que un día de estos dejes tu auto y te vayas por un café a algún lugar cercano, tú solita, tú solito. Camina y observa lo que hay a tu alrededor. Estoy segura  de que te vas a descubrir con una sonrisa en la cara y con mucha paz. Esa soledad no te fue impuesta: tú la elegiste.

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